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sábado, diciembre 02, 2006

COMO LOS HUEVOS DEL COCHINO...POR ATRÁS.

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sábado, 02 de diciembre de 2006

Felipe Calderón entró por la puerta de atrás, mientras los legisladores del Frente Amplio gritaban a unísono "¡Espurio, espurio, espurio!"... (AFP)

Tal era la premura con que el PAN quería despachar el trámite de protesta, que Zermeño olvidó recibir de manos de Fox la banda presidencial, para entregársela a Calderón. Así que pidió a los presentes ponerse de pie y entonar el Himno Nacional. (AFP)

La asunción de Felipe Calderón se realizó en una ceremonia de transmisión de poderes apresurada y atropellada. Fox fungió apenas como un edecán proclive a los errores legales en las postrimerías de su mandato: quiso imponerle la banda a su sucesor, cuando esa tarea le corresponde constitucionalmente al presidente de la Cámara de Diputados. (AFP)

* Deplorable y vergonzosa ceremonia: Felipe Calderón Hinojosa no sólo entró por la puerta de atrás a la Cámara de Diputados sino que también capitalizó la "toma" de la tribuna a manos de los diputados del PAN, e incluso asumió el poder con el respaldo del Estado Mayor Presidencial que ingresó armado al recinto legislativo

* La asunción se realizó en una ceremonia de transmisión de poderes apresurada y atropellada, que duró escasamente cinco minutos, en la que Vicente Fox fungió apenas como un edecán proclive a los errores legales en las postrimerías de su mandato


"¡Espurio, espurio, espurio..!"


MEXICO, D.F., 1 de diciembre (LA JORNADA).- El desaseo legal y político marcó la toma de protesta de Felipe Calderón Hinojosa como Presidente de la República. No sólo entró por la puerta de atrás, porque el PRD colocó candados y cadenas a los cinco accesos al salón de sesiones de la Cámara de Diputados; también capitalizó la "toma" de la tribuna a manos de los diputados del Partido Acción Nacional, e incluso asumió el poder con el respaldo del Estado Mayor Presidencial (EMP), que ingresó armado al recinto.
La asunción de Felipe Calderón se realizó en una ceremonia de transmisión de poderes apresurada y atropellada, que duró escasamente cinco minutos, en la que el ex presidente Vicente Fox fungió apenas como un edecán proclive a los errores legales en las postrimerías de su mandato: quiso imponerle la banda a su sucesor, cuando esa tarea le corresponde constitucionalmente al presidente de la Cámara de Diputados.
En el paroxismo de una tribuna más parecida a la de un estadio de fútbol, el presidente de la Cámara de Senadores -obligado a participar en el ritual--, Manlio Fabio Beltrones, resumió la abigarrada escena: "ojalá pronto encuentre la puerta de enfrente".
La posición del PAN en la tribuna, que por momentos parecía endeble porque al romperse la última tregua a las 8 de la mañana, el perredismo se apoderó de todos los accesos, los encadenó y montó trincheras con las curules, se fortaleció con la entrada en masa de los diputados, senadores y el dirigente nacional del PRI, Mariano Palacios Alcocer, quien justificó: "venimos encabezando nuestra labor, a ser responsables con México para que tome protesta el Presidente". El priísmo no sólo le facilitó al PAN construir el quórum legal para llevar a cabo la sesión de Congreso General, también en un doble juego engatusó al coordinador de la diputación del PRD, Javier González Garza, a quien prometió que senadores y diputados del tricolor abandonarían el salón si no había condiciones para el desarrollo de la ceremonia. "Yo me salgo, Güero", le dijo Gamboa, y le preguntó: "¿estás tranquilo?" Rojo por la ira, el perredista le devolvió. "¡estoy emputado!"
Mientras, en el pasillo central del recinto legislativo, Jorge Emilio González, en el colmo del servilismo, entregó a Federico Döring un listado con la firma de sus legisladores -cuando debió turnarla a la Secretaría General para formalizar el quórum--, y le aseguró respaldo incondicional: "aquí está el Partido Verde".

Caótica ceremonia

Las posiciones del PRI y del PVEM configuraron, a la postre, el avasallamiento contra senadores y diputados del PRD, PT y Convergencia que fueron orillados en el costado derecho del salón de plenos, desde donde se cansaron de sonar los silbatos marca Fox, que utilizan los árbitros de fútbol profesional, y de gritarle a Calderón "¡espurio, espurio, espurio..!", apagados por el clamor panista de "¡México, México, México..!"
A las 09:30, como estaba convocado, el presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Jorge Zermeño Infante, abrió el sonido en el salón de plenos para solicitar a su homólogo del Senado de la República, Manlio Fabio Beltrones, ocupara un espacio a su izquierda, como corresponde en este tipo de ceremonias.
En ese momento, Beltrones respondía a la pregunta de un reportero de La Jornada, en el sentido de si participaría en la caótica sesión, replicó con molestia: "yo no puedo estar allá, porque este es el saldo que deja Vicente Fox, las calles de la ciudad tomadas, barricadas de la policía y la tribuna "tomada". Es un ceremonial ya viejo, la presencia de un presidente (de Cámara) es suficiente".
Solícito, Emilio Gamboa, lo apresuró: "¡te están llamando!", y lo alentó a subir con una palmadita en la espalda, y para reforzar instruyó a un grupo de priístas: "diputados, acompáñenlo".
Con Beltrones en la Mesa Directiva, la vicepresidenta del PRD, Ruth Zavaleta, quien resistió estoicamente por tres días en medio de varias decenas de panistas, simplemente se retiró sin ofrecer resistencia. Paradójicamente, la diputada de Convergencia Layda Sansores, se mantuvo, aún cuando había una amenaza de echarla. El mismo Beltrones la protegió y la invitó a sentarse junto a él.
De inmediato, Zermeño Infante solicitó a la secretaría de la Mesa Directiva que diera a conocer el resultado del cómputo de asistencia, que se hizo por cédula y ante la fe del notario público 243, Guillermo Escamilla, y debido a que no ordenó abrir el tablero electrónico ante el desorden. De acuerdo con ese recuento, asistieron 335 diputados y 94 senadores.
La noticia despertó la euforia entre los panistas, que volvieron a gritar "¡México, México, México!". Temeroso de que la ya de por sí descompuesta sesión discurriera por otros terrenos, el coordinador panista atajó a sus compañeros: "¡Vámonos rápido! ¡Silencio, silencio!". Javier González Garza hizo un intento por solicitar la palabra, pero el mismo Larios, acompañado por el senador Santiago Creel, reiniciaron el coro "¡México, México..!", para evitar que el perredista se hiciera escuchar.
En coordinación con sus compañeros de bancada, Zermeño decretó el inicio de la sesión de Congreso General a las 09:33, y conminó a los legisladores designados para integrar las comisiones de cortesía a recibir a Felipe Calderón y conducirlo, por la puerta trasera, a la parte más alta de la tribuna, copada por los legisladores del PAN y elementos del EMP, todos con corbata roja y traje azul de idéntica manufactura.
Trece minutos después, después de un frenético ir y venir de los militares vestidos de civil, perdido entre el tumulto ingresó por el área de tras banderas Calderón Hinojosa. Enseguida, y para sorpresa de todos, Vicente Fox Quesada, quien si el primero de septiembre no pudo entrar a la tribuna para leer su último Informe de gobierno, esta vez lo hizo a la retaguardia de su sucesor.
El estruendo invadió el salón de sesiones. De una parte, la mayoría compuesta por panistas, priístas, verdes e integrantes de Nueva Alianza y PASC vitoreó el nombre de quien juraría, en pocos segundos, como nuevo titular del Ejecutivo Federal: "¡Felipe, Felipe, Felipe..!". En el ala opuesta la respuesta fue un ruidoso "¡Espurio, Espurio, Espurio..!" de los integrantes del Frente Amplio Progresista.
De inmediato, para no salirse del guión, Zermeño otorgó la palabra a Felipe Calderón Hinojosa, quien recitó: "protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen y desempeñar, leal y patrióticamente, el cargo de Presidente de la República, que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y la prosperidad de la Unión, y si así no lo hiciere, que la nación me lo demande".
Los gritos ensordecieron a los presentes en San Lázaro, pero también ruidosos los perredistas respondieron nuevamente con los silbatos y el coro "¡espurio, espurio..!". El panismo respondió con otro, más fuerte: "¡sí se pudo, sí se pudo..!".
Tal era la premura con que el PAN quería despachar el trámite, que Zermeño olvidó recibir de manos de Fox la banda presidencial, para entregársela a Calderón. Así que pidió a los presentes ponerse de pie y entonar el Himno Nacional.
Calderón se inclinó y, casi al oído, le hizo ver su error. Sólo entonces el presidente de la Cámara reaccionó y le pidió la banda al ex presidente, que la había dejado sobre la tribuna después de juguetear con ella y darle vueltas. A la confusión se sumó la ilegalidad en que incurrió Vicente Fox al presentarse en el recinto sin portar la banda por fuera del saco, como establece la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales.
La víspera, Fox había prometido que le impondría la banda "a don Felipe Calderón", y así lo intentó al desplegarla y aproximarse a Calderón. Sin embargo, el nuevo Presidente lo contuvo y con un movimiento sutil hacia atrás lo obligó a entregarle el emblema del poder Ejecutivo federal al desorientado Jorge Zermeño.
Este trasladó la banda presidencial de uno a otro, mientras Calderón ordenó a su jefe de Estado Mayor Presidencial retiraran el atril que le cubría casi la totalidad del pecho, para lucir la insignia. Una vez conferido el poder presidencial miró hacia la zona de galerías, extendió la mano derecha y luego se golpeó el pecho con la palma para saludar a sus invitados.
Nuevamente el griterío estalló en el salón de plenos. De una parte, el "¡sí se pudo, sí se pudo..!" del PAN, y la definición "¡espurio, espurio...!" y "¡fuera Fox, fuera Fox!" Las expresiones del PRD, PT y Convergencia sólo arrancaron una sonrisa del ya presidente constitucional y otra, socarrona, de Fox.
El clamor desaforado se terminaron cuando Zermeño invitó, ahora sí, que los presentes se pusieran de pie para entonar el Himno Nacional, único momento que unificó, después de 72 horas de enfrentamientos, a panistas y perredistas.
Estaban a punto de cumplirse cinco minutos desde su ingreso al salón, cuando Calderón agitó sus manos para despedirse. Estrechó la mano de Fox, que quiso abrazarlo y su sucesor apenas le devolvió el gesto de lado; enseguida volteó a Zermeño y se despidió. A la izquierda del presidente de la Cámara, Manlio Fabio Beltrones se mantenía de pie, con la mirada fija en algún punto alto del salón.
Calderón tuvo que estirarse, pasar por detrás de Zermeño y jalarle el saco a la altura del codo del senador priísta, quien apenas volteó para corresponderle con cortesía política. A diferencia de él, su jefe de asesores en el Senado de la República, Manuel Añorve, participó --trenzado con el EMP- en la valla de protección a Felipe Calderón.
A las 09:51 en punto, Jorge Zermeño pidió a la comisión de cortesía designada acompañar al presidente de la República y levantó la sesión de Congreso General y citó a otra, de carácter ordinario, de la Cámara de Diputados, el próximo martes.

"Con dos cachetadas tienen"

A las 07:55, cinco minutos antes de culminar la última tregua, la tribuna se encontraba copada por los legisladores de Acción Nacional.
En esos momentos, ingresaban por la puerta de atrás, también, los senadores panistas. Los reporteros se acercaron a Felipe González, ex gobernador de Aguascalientes, famoso por aquella foto de la campaña para senador donde al levantar los brazos se descubrió una pistola al cinto.
- ¿Trae pistola?
- ¡Estos perredistas con dos cachetadas tienen! -exclamó.
Entre el tumulto, los perredistas le dieron empellones a Santiago Creel. El ex secretario de Gobernación, quien en su momento retó a Andrés Manuel López Obrador que fuera "hombrecito" y enfrentara el juicio por El Encino, dio algunos brinquitos para eludir la embestida perredista.
Como en los tiempos de Bucareli, Humberto Aguilar Coronado y el ex alcalde Gustavo Cárdenas se interpusieron entre Creel y sus oponentes. Uno de ellos, se coló y lo cargó con el antebrazo. El ex secretario trastabilló y se derrumbó en una curul.
- ¿Quién le dio el empellón? -se le preguntó a Creel.
- ¡No, no! ¡Déjame, estoy muy tenso! -respondió con el rostro enrojecido.
El salón de sesiones se convirtió, otra vez, en un campo de batalla. Del lado izquierdo, una veintena de perredistas encabezados por Antonio Ortega Martínez, avanzó en dirección de la puerta que da al basamento, la encadenaron y en el tumulto se rompieron dos curules y un escritorio.
Ortega y Felipe González se enfrascaron en un pleito callejonero, en que el perredista sacó la mejor parte al asestarle las dos bofetadas con las que el panista ofreció controlar al PRD. Ese triunfo del sol azteca se volvió modesto porque el PAN se atrincheró para resguardar la tribuna. "¡Es nuestra!", gritaba la senadora Adriana González, que lanzó puntapiés a los perredistas para impedir su avance en pos de la presidencia camaral.
Por el pasillo central descendían los perredistas Arturo Núñez, Carlos Navarrete y José Guadarrama, contenidos del brazo por Ricardo García Cervantes y Alejandro Zapata Perogordo. Guadarrama, le soltó de frente a Ricardo García: "¡quítate, güey!", y el panista se quitó.
Una hora después, Felipe Calderón también salió por la puerta de atrás, pero esta vez lo hizo -definió el senador Gonzalo Yáñez-, "como en los mejores tiempos del otrora 'partidazo': investido como jefe de Estado, de partido y de las dos bancadas panistas en el Congreso".


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