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sábado, marzo 10, 2007

UNA CUESTIÓN DE TESTÍCULOS.

Gustavo Gordillo

Una izquierda latosa

1 Una verdad peligrosa. La izquierda socialdemócrata en México debe hacer suya casi como consigna la siguiente frase de Tocqueville: Es casi tan peligroso para la moralidad humana despreciar un prejuicio por las molestias que origina, como abandonar una idea verdadera porque sea peligrosa. La idea peligrosa es que para que este país se mueva, salga de su estancamiento, detenga su declive y oriente positivamente la energía social que emerge discretamente, debe acontecer un profundo cataclismo entre las elites.

2. El punto de partida para la acción de todas las izquierdas mexicanas debiera ser la definición de Bobbio sobre la democracia de los modernos. La lucha contra el abuso del poder que se desarrolla en dos frentes: contra el poder desde arriba en nombre del poder desde abajo, y contra el poder concentrado en nombre del poder distribuido. La lucha contra el abuso del poder desde abajo es la lucha por la transparencia y la fiscalización democrática. Es la lucha por acabar con el vicioso círculo de la impunidad de los poderosos. La lucha contra el poder concentrado es la lucha contra los poderes monopólicos tanto en la economía como en la cultura y sobre todo en la política. El monopolio de la política ha sido en México históricamente la nodriza que alimenta las concentraciones del poder en los otros ámbitos y de manera relevante en el económico. Ningún programa o política de combate a la pobreza o de reducción de la desigualdad tendrá éxito mientras no ocurra simultáneamente una reforma de la política.

3. Reforma de la política. Los enclaves autoritarios que subsisten después de las transiciones democráticas en toda América Latina y las diversas maneras en que en algunos países comienzan a aparecer signos de restauraciones -conservadoras o progresistas- subrayan que el gran problema es el corporativismo no sólo ni fundamentalmente de las asociaciones de trabajadores sino de las fuerzas económicas incluyendo las del conocimiento: los grandes empresarios trasnacionales, de la comunicación, de las finanzas, de la fe, del conocimiento académico, los dueños del monopolio de los pobres. Es decir el gran tema es la descorporativización de las elites políticas.

4. Instituciones o actores. Esas búsquedas restauradoras se alimentan de tres percepciones ciudadanas. El horizonte de las expectativas que le apuesta al éxito individual sin consideración a la solidaridad con los demás. La retracción de los ciudadanos a los espacios privados dado que los públicos están sobrepoblados de pequeñas minorías intensas que los ocupan. Y el cinismo del discurso político que no mira más allá de sus narices. En la discusión más estratégica para enfrentar estas tres expresiones creo percibir dos respuestas que expresan a distintos conjuntos sociales. Por una parte están quienes consideran que en un gobierno republicano el tema central para sustentar una nueva moral pública pasa por el cambio de reglas, mientras que otros insisten que más allá de las instituciones están los actores y la forma de construcción de nuevas coaliciones sociales. Privilegian el momento cultural y promulgan, por la naturaleza policéntrica del poder en el mundo de hoy, un proceso de acumulación de fuerzas de largo aliento que construya una nueva coalición histórica.

5. Ressentment. El resentimiento social contra la impunidad de los poderosos es probablemente el resorte más profundo en las movilizaciones ciudadanas de los últimos años. La desigualdad acrecienta la disparidad social y productiva de nuestras sociedades, pero la impunidad dificulta la construcción de consensos duraderos y alimenta una visión política depredadora. La desconfianza alimentada por la impunidad y la inequidad mina la ciudadanía y la competencia económica. Alimenta movilizaciones populares contra las formas de intervención del poder oligárquico. Los poderes oligárquicos generan los impulsos que desde la sociedad desarticulan instituciones y rompen reglas de convivencia.

6. Dignificar la política. Se necesita una reforma moral de los actores. Para romper el monopolio político se requiere circulación de las elites. Para lograrlo es indispensable reformar el sistema de partidos. Es crucial articular la política que emerge desde los movimientos sociales y desde ámbitos tan diversos como la cultura, las artes, las ciencias, los grupos de migrantes y sobretodo las jóvenes. El descrédito de los partidos políticos, la especie de equilibrio catastrófico en el que se encuentran las tres grandes formaciones políticas constituye un escenario ideal para construir una amplia movilización ciudadana que buscando dignificar a la política rompa el monopolio de los políticos de siempre.

7. Situs inversus. Esas movilizaciones las encabezarán quienes en verdad piensan en el largo plazo no quienes tienen mentalidad de abarroteros o de lavanderas de barrio. No la encabezarán quienes sufren el situs inversus de nuestra política. Situs inversus es una rara condición física en donde todos los órganos del cuerpo revierten sus posiciones de derecha a izquierda. La novelista Allison Macleod lo ejemplifica maravillosamente: "Mi amigo Jake tiene 30 y está preocupado por sus testículos. Me dice que el derecho cuelga más abajo que el izquierdo, que el izquierdo debería colgar más abajo que el derecho. Concluye que tiene situs inversus". Ahora que han pasado una serie de reuniones de las tres grandes formaciones políticas estoy convencido que tienen situs inversus.

8. Izquierda y derecha. En este cataclismo que me imagino no existe el centro. Se fue con el desmoronamiento del antiguo PRI, del PRI hegemónico. Libertad y justicia tampoco son los núcleos conceptuales que separan a derechas de izquierdas. Hay un conjunto de derechas en el gobierno, en la empresa, en los púlpitos, en la academia, en los partidos y las agrupaciones sociales y en los medios; distintas, incluso antagónicas pero unidas por el miedo de perder privilegios. Hay un conjunto de izquierdas distintas e incluso antagónicas en los partidos, pero sobre todo fuera de ellos que reclaman que la política vuelva a ser un bien público. Se requiere el impulso discursivo para amalgamarlas.

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