Estimado Víctor:
Me parece que debemos distinguir entre las buenas las malas y leyes de plano estúpidas, como esta ley. Es completamente ridículo que en bares y cantinas donde predominamos los fumadores no se le de a los dueños la opción de permitir o no el consumo de tabaco en sus instalaciones.
Tampoco es válido comparar a un estado riquísimo como California -por si solo la séptima economía mundial- con el Distrito Federal. Por lo tanto, tampoco es posible comparar el poder de la industria restaurantera del DF y de ese estado.
Hay dos problemas de fondo con la ley antitabaco. Primero, de toda la gama de problemas que padece el país y la Ciudad de México esta legislación no se encuentra ni siquiera entre las diez prioridades que se deberían atender. Segundo, la ley no va a resolver a fondo el problema del tabaquismo en México porque es superficial a más no poder. Tan es así que el número de fumadores no se va a reducir. Se trata de soluciones cosméticas y simplistas para un problema complejo que va más allá de los pobres meseros que sufren por el inhalado en los restaurantes, pero que también respiran las toneladas de gases tóxicos producidos por la industria y los automovilistas. Aunque estos últimos sean los principales responsables de causar enfermedades respiratorias tanto en fumadores como en no fumadores, ellos no te merecen una mención especial. ¿Por qué?
La legislación sí va a afectar a los restauranteros de muchas formas y no sólo en lo económico. Te pongo un ejemplo. Cuando visité la Ciudad de México fui a un bar con unos amigos. La gran mayoría de la gente en el lugar fumaba. La única opción era salirse a la calle. Pero como es ilegal consumir alcohol en la vía pública los fumadores tenian que acabarse la cerveza adentro. Cuando salían los fumadores el lugar se vaciaba y afuera había un fiestón. Los meseros terminaron por entregarles vasos de plástico para mantenerlos consumiendo y evitar que se fueran. Como no estaban consumiendo en el interior nadie le dejaba propinas a los meseros. De esa forma, la ley antitabaco perjudicó a los trabajadores y provocó que violaramos el bando de policía. Bonita solución, ¿eh?
Otro aspecto de la ley es que sin duda fomentará la corrupción en la policía. Si alguien es amonestado por un agente mientras se fuma un cigarrillo, ¿preferirá ir a la delegación a pagar la multa o moder con cincuenta pesos al oficial? Por otro lado, nadie nos garantiza que la ley vaya a ser cumplida y es muy posible que termine como letra muerta por ineficaz.
Hay que tener cuidado con estigmatizar a los adictos a las drogas, Vic. Para empezar no es lo mismo una droga legal que una ilegal. No porque tú consideres que su vicio es asqueroso y que se trata de minorías, no te da el derecho a degradarlos a ser ciudadanos de segunda. Lo que haces implícitamente es reforzar los argumentos de la derecha sobre la guerra contra el narco. Los adictos al crack, así como los adictos a otras sustancias merecen MÁS, NO MENOS derechos, porque padecen son las consecuencias de una persecución injusta y de la negligencia de gobiernos que no hacen nada para ayudarlos a escapar de su dependencia.
Lo mejor que podemos hacer como progresistas que somos es librarnos de muchos prejuicios que aún cargamos, tratar de ser más tolerantes con quienes son diferentes. Eso también aplica para los fumadores.
Digo, porque si nos limitamos a agredir irracionalmente a los fumadores, pues a mi me recontracagan los vegetarianos que tratan de adoctrinarnos a los carnívoros de las bondades de comer puras plantas (aunque se enfermen con la misma frecuencia y a menudo tengan que tomar suplementos vitamínicos) o a esos defensores radicales de los animales de la P.E.T.A. que comparan el genocidio judío con el consumo de carne o esa gente que prefiere hablar con puras groserías en vez de utilizar el lenguaje con algo de respeto para el otro o los que hablan en el cine sin considerar a los demás espectadores. Pero no por eso voy a promover leyes que hagan obligatorio el consumo de carne o que le confieran derechos humanos a los animales o que castiguen a quienes dicen groserías o a los que hablan en voz alta en el cine, porque entonces necesitaríamos un policía para cada cosa que nos desagrada del vecino. Los no fumadores merecen respirar un aire libre de tabaco, pero el gobierno debe pensar en soluciones más efectivas para solucionar los problemas, porque el remedio resultará peor que la enfermedad.
Propuestas hay muchísimas. ¿No hubiera sido más sencillo cobrarle un impuesto especial a los restauranteros para que permitieran el consumo de tabaco?
Una ley que no va de la mano con una campaña educativa, preventiva y de atención al grupo que pretende regular está condenada al fracaso. No sólo requerimos ambientes libre de humo de tabaco, sino que los fumadores fumen menos, que puedan dejar su vicio y que no haya nuevos fumadores que los reemplacen. Este tipo de política fue la que implementó California, ADEMÁS de la prohibición de consumir en lugares cerrados, lo que originó una reducción constante en el índice de consumidores.
Fuente: California Department of Health Services
Tobacco Control Section • www.dhs.ca.gov/tobacco
Podría seguir escribiendo más, pero repentinamente me dieron ganas de irme a fumar un cigarrillo.
Los dejo con un increíble texto de Fernando Savater sobre este asunto.
La invención del drogadicto
Fernando Savater
El País. España, 3 de junio de 1984.
Las sociedades necesitan terrores y odios bien codificados frente a los que unirse, a los que achacar sus males e insuficiencias. No hay que escandalizarse demasiado por esto ni considerarlo un síntoma más de "la crisis" o del "a dónde hemos llegado": lo único nuevo de esta situación, que con sus debidas variantes también conocieron los súbditos de Asurbanipal, Tiberio o Lorenzo el Magnífico, es la caracteriología de los chivos expiatorios actuales. Un viejo y querido amigo republicano me decía hace tiempo que uno de los aciertos de la derecha mordiente (es decir, que muerde) de este país desde la guerra civil hasta al menos el final de la dictadura es el invento de los rojos. Todos éramos rojos: comunistas, anarquistas, socialdemócratas y democristianos, cualquiera que protestara un poco, viviera irregularmente, quisiera mejorar la Seguridad Social o llevara la contraria al patrón en lo que fuese, los vascos, los catalanes, los pobres menos resignados, los militares que permanecieron fieles al Gobierno legítimo de la República y los penenes que pedían contrato laboral. ¡Qué hallazgo! Ser rojo era "¿es?" dar la lata y estársela buscando. Los rojos por nuestro lado, no encontramos un descalificativo global de semejante impacto (lo de fachas no permeaba suficientemente todos los recodos de la conducta reformista). Y es que para acertar en esos títulos de oprobio hay que estar en el poder y desde allí grabar a fuego la divisa adecuada en el ternero descarriado.
Uno de los inventos más fecundos y remuneradores que el control social ha lanzado al mercado en los últimos años es el drogadicto. Pasto de sociólogos y psicólogos, de médicos y policías, de jueces, sacerdotes y políticos, esta dócil criatura mitológica "nuestro semejante y hermano, hipócrita lector" es sentimentalmente tan polivalente como un cuchillo de excursionista: infunde pánico, inspira compasión, suscita desprecio, merece castigo o readaptación, es objeto de estudio, simboliza y expresa como un logotipo penalizado los males de este siglo que le conjuró. Pero, a todo esto, ¿quién o qué es un drogadicto? Alguien muy ingenuo respondería: "El que toma drogas". Y entonces, inmediatamente, todos nos convertimos en drogadictos, pues todos tomamos o café o alcohol, o tabaco o cocaína, o Valium o anfetaminas, o té, o heroína o ginseng".
Como verán ustedes, he evitado hablar de las drogas que se toman por razones médicas y sólo menciono las que se toman por gusto, para disfrutar más o mejor. Claro que muchas veces nuestro gusto está en la manía de curarnos o regenerarnos" pero dejémoslo así. Un interlocutormás sutil y melodramático definirá al drogadicto como "quien se deja esclavizar por las drogas".
La esclavitud, eso sí que es grave: desdichadamente, no resulta tan fácil precisar quién es esclavo, quién aficionado, quién amigo íntimo o simple aliado táctico. "Pero ¡es que el drogadicto se convierte en una piltrafa humana!". Hombre, tampoco hay que insultar. Los muy aficionados al café pueden buscarse una bonita úlcera y los fumadores empedernidos han sido ya advertidos de que pueden contraer cáncer, los bebedores de alcohol solemos farfullar poco inteligiblemente a las cuatro de la madrugada y no sé si los aficionados al agua tónica (que contiene quinina, otra droga, aunque no tan evidentemente célebre como la revelada por la primera parte del nombre Coca-Cola, que este popular refresco incluyó en su composición hasta 1903) padecen algún trastorno típico; pero de ahí a ser una piltrafa. "¿Y las otras drogas, las duras, las malas de verdad?".
Dejemos de lado la hipocresía mojigata: numerosísimos líderes políticos, grandes capitanes de industria, artistas, profesores de universidad y por supuesto policías y magistrados, toman habitualmente cocaína o heroína sin por ello hacer cosas más raras o reprobables que el resto de la población. No sé si tomar unas copas o pincharse de cuando en cuando mejora a nadie; admito que la salud pueda resentirse; pero el que cualquiera se convierta por ese medio en una piltrafa babeante de forma obligatoria es obviamente falso. Los hay que van al fútbol a pegarse con el vecino por un quítame allá ese gol y los que disfrutan olímpicamente del espectáculo: a unos la pasión futbolística les sienta mejor y a otros peor. Hace falta mucha química para convertir en piltrafa a quien no tiene vocación, mientras que sin química ninguna puede esclavizarse a multitudes.
La prohibición y sus consecuencias
Peter Laurie, en su libro sobre las drogas, afirmaba que droga "es la sustancia química de tales o cuales características, que produce tales o cuales efectos, y que está prohibida". Por aquí sí que nos acercamos al meollo del asunto. Porque realmente drogadicto es el que toma drogas prohibidas, le sienten bien o mal, esté esclavizado o tan contento. Es la prohibición lo que convierte a la droga en droga y son las consecuencias de la prohibición las que han servido para inventar el mito del drogadicto. En gran parte de los casos los mayores males del usuario de drogas le vienen precisamente de la prohibición que las veda; no sabemos si también sus más inconfesables contentos. Pero, a cambio de estos inconvenientes, ¡qué útiles son los drogadictos! De ellos se puede decir casi cualquier cosa: en un país sin auténticamente fiables estadísticas de delincuencia, se puede afirmar sin temblor que "el 80% de los delitos los cometen drogadictos", y, mientras los médicos que no hacen concesiones a la mitomanía dudan de qué significa realmente hablar de adicción fisiológica, no faltan ministros de Sanidad que establecen taxativamente que "el 80% de los heroinómanos son irrecuperables". Mientras, sociólogos y psicólogos definen desde sus distintas perspectivas los mecanismos del drogadicto: risum teneatis!
Por ejemplo, un reciente informe elaborado en Euskadi asegura que la mayoría de los drogadictos "están muy apegados a sus madres y viven demasiado pendientes de ellas aún con veintitantos o 30 años". ¡Pues vaya nota distintiva que me busca usted! Si en Euskadi la amatxo es la auténtica heroína. Otros aseguran que el drogadicto tiene problemas laborales, inadaptación, dudas sobre qué hacer con su vida, desencanto político o que quiere imitar a sus ídolos, ganarse amigos, integrarse en un grupo, establecer complicidades, sentir algo nuevo, vencer la rutina. ¡Qué original es el drogadicto! No hay más que verle para saber que nació diferente.
¿Qué se ha logrado con la prohibición de las drogas? No desde luego acabar con su consumo o tráfico, sino hacerlas más caras, más adulteradas y más interesantes: de un lado la rutina reprimida, de otro lo prohibido y peligroso. El recientemente nombrado fiscal especial contra la droga asegura que éstas, por fomentar la "irracionalidad", van contra los valores de nuestra civilización. Sancta simplicitas! Los valores de nuestra civilización los inventaron unos piratas mediterráneos cuyos ritos más sagrados de inmortalidad se iniciaban bebiendo un secreto brebaje alucinatorio; fueron reforzados por la aportación de una secta herética judía que tenía, como ceremonia fundamental, la ingestión de vino y una oblea de poderes mágicos espirituales; se han completado a través de los años con aportaciones de poetas, artistas y pensadores aficionados al vino, a la absenta, al ajenjo, al láudano, al éter, al opio, a la ginebra, etc.
No, no es la defensa de la civilización lo que esa prohibición consigue, sino el auge de un negocio tan fabuloso que sus perseguidores y denunciadores oficiales son a fin de cuentas los menos interesados en que acabe jamás, lo que indefectiblemente ocurriría si (y sólo si) se legalizasen las drogas. Pero no hay que olvidar la utilidad que para el control social tiene además la existencia de la red mafiosa y policial en torno a los estupefacientes, las posibilidades de espionaje, registro, acusaciones en que lo moral y las buenas costumbres encubren la maniobra de aniquilación política, el soborno, el chantaje, la delación comprada en especias, etcétera. Añádase todo esto la invención científico-mítico-penal del drogadicto como chivo expiatorio posmoderno, y tendremos una de las prohibiciones más fecundas en consecuencias útiles al poder desde aquella famosa de la manzana en el primer jardín.
Pero ¿y quiénes desean a toda costa la droga y no son capaces, sea por razones de la índole que fueren? Necesitan ayuda, desde luego, médica y social, sobre todo humana. Como tantos minusválidos, pacientes mentales, raros y acomplejados, ancianos, adolescentes sin trabajo ni familia, enfermos incurables que desean un desenlace rápido y digno a su agonía, como tantos abandonados a los que la sociedad ignora o explota, a los que quizá simple y trágicamente el azar maltrata. Inventar una categoría, un nicho teórico para su desventura "son drogadictos", no es comenzar a asistirles, sino a seguir utilizándoles de otro modo.
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NOTAS DE LOS COMPAÑEROS (04.03.08)
SE ESTRENA GLINKTV (04.02.08)
NOTAS DE LA PRENSA INTERNACIONAL (04.02.08)
Y SIN EMBARGO SE MUEVE - EPISODIO 60 - MARZO 30 DE 2008 (04.02.08)
WSJ: NO PASARÁ LA PRIVATIZACIÓN DE PEMEX (04.01.08)
BADIRAGUATO: 16 MILITARES CONSIGNADOS (03.31.08)
FORO CONTRA LA REPRESIÓN EN HERMOSILLO (03.29.08)
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SINALOA: OTRA VEZ EL EJÉRCITO (03.28.08)
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Y SIN EMBARGO SE MUEVE - EPISODIO 58 - MARZO 18 DE 2008 (03.27.08)
Y SIN EMBARGO SE MUEVE - EPISODIO 59 - MARZO 25 DE 2008 (03.26.08)
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