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sábado, enero 13, 2007

EDITORIALES DESDE JALISCO

RUBÉN MARTÍN: LA DECADENCIA DEL PODER LEGISLATIVO

Para poner a los lectores del Sendero en en contexto, los legisladores jalicienses se han estado despachando con la cuchara grande con bonos, viajes al extranjero, fondos discrecionales y "despensas navideñas" de $35,000, $10,000 para gastarse en una licorería y por si fuera poco, se han autorizado ayudas para pagar sus impuestos a costa de los demás contribuyentes de todo el país, promover leyes en contra de la transparencia y de los ciudadanos, que sesionan en bares de hoteles sin notificación previa, además de ser un Congreso que satisface todos los deseos del Gobernador con licencia (aparentemente también con licencia para golpear, sobornar, chantajear e intervenir en las elecciones locales) Francisco Ramírez Acuña, que es una auténtica cueva de ladrones -con 3 o 5 dignas excepciones entre los 40 sinvergüenzas- maniobras en las que han estado coludidos por igual aunque con distinto peso el PAN, el PRI y el PRD (por conducto de Salvador Cosío Gaona y el Grupo Universidad de los Chuchos) todo esto se ha tratado en las últimas semanas -por no decir meses- en el programa Cosa Pública de Notisistema conducido por el mismo Rubén Martín y Rubén Alonso. Son tantos abusos que en los últimos días cada minuto del programa hay nuevas denuncias y nuevos casos de corrupción.
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Nota Original
Las explicaciones y justificaciones de los diputados sobre sus excesos en el manejo de los recursos son declaraciones que ya hemos visto, son escenas de una mala película que vimos antes. Habíamos escuchado las promesas de manejar con transparencia y pulcritud los recursos que les entrega la sociedad para su mantenimiento. Lamentablemente no han cumplido.

En tres años, la LVII Legislatura ha gastado 1,142 millones de pesos, de los cuales la gran mayoría se destina al pago de salarios. 1,142 millones es mucho dinero. Es mucho más que lo que creció la inflación y mucho más de lo que creció la recaudación de impuestos o el ingreso del gobierno de Jalisco. Es mucho más de lo que han crecido los ingresos de los ciudadanos. Los grupos parlamentarios se gastaron en tres años 117 millones de pesos casi de manera discrecional, lo que ha permitido demasiados abusos al ejercer estos recursos que no son fiscalizados por nadie y que no aguantarían una auditoría rigurosa.

¿Se justificaba este aumento? ¿Necesitaban más de 1,100 millones de pesos para que los diputados hicieran mejor su trabajo? ¿Cambió para bien el marco jurídico del estado? ¿La creación de las casas de enlace ha mejorado la relación de los diputados con sus electores? ¿Los 117 millones de pesos en grupos parlamentarios mejoró la calidad del trabajo de los diputados? ¿El aumento en el número de asesores y empleados de los legisladores ayudó a profesionalizar su trabajo? Todas las preguntas tienen un “No” por respuesta, siempre con sus honrosas excepciones. En los últimos tres años el trabajo de los legisladores no estuvo a la altura de las demandas de la sociedad.

Todo lo contrario. Hay una regresión y decadencia en el Poder Legislativo. La regresión se observa en la mala calidad del trabajo legislativo, en el avorazamiento de algunos diputados que ven su llegada a la curul como una oportunidad de incrementar el patrimonio. Se observa una decadencia cuando hay diputados que han encontrado la manera de vender su voto para aprobar leyes o sacar los asuntos que interesan a ciertos grupos de interés. Hay decadencia cuando los diputados utilizan las plazas de asesores para pago de favores y no para profesionalizar su labor. Hay una absoluta ineficacia cuando comprobamos que en lugar de un sistema de fiscalización de recursos públicos tenemos un sistema de lavado e intercambio de cuentas públicas.

El ejemplo más palpable de la decadencia del Congreso se observa en que el Legislativo volvió a convertirse en apéndice del Ejecutivo. El gobernador en turno tiene de nuevo la llave para asegurar la mayoría en el Congreso, sin importar si los ciudadanos votaron en otro sentido. Es una enorme perversión política el que un diputado electo por un partido, cambie de filiación por así convenir a sus intereses, echando al cesto de la basura el voto de los ciudadanos. Y todo esto se aceita convenientemente con el aumento de presupuesto al Legislativo y con los crecientes recursos a los grupos parlamentarios.

Todo este esquema no puede ser achacado únicamente a la avaricia de algunos legisladores. El cambio que vemos forma parte de la crisis que vive el sistema político en México. La subordinación del Legislativo al poder político centralizado en el Ejecutivo, y por esta vía a los intereses económicos, es un esquema funcional para un sistema social donde se privilegia el interés privado sobre el interés público.

Los grandes negocios económicos que se hacen al margen (o violando la ley) necesitan de diputados maiceados, supeditados, o metidos en compromisos con el Ejecutivo y los grupos de poder para que todo el sistema de intereses privados funcione. Un Legislativo independiente, que responda a los intereses más genuinos de la comunidad, no es funcional al actual esquema de acumulación de ganancias.

Por eso los desfiguros de los diputados y la decadencia del Legislativo como poder independiente son parte más bien de una crisis profunda del sistema político. Pero la gente observa con atención los abusos de los diputados y muestra su irritación de manera cada vez más abierta. Esta molestia, a su vez, alimenta la crisis de legitimidad ahondándose la crisis del sistema político en el país. Y todo por unos bonos.


ROBERTO CASTELÁN RUEDA: MAMBRÚ

Nota original
Se fue a la guerra. Qué dolor, qué dolor, qué pena. Tomó prestado un saco que le quedaba grande para parecer mayor, se puso un gorrito, se rodeó de soldaditos, se subió a un caballo medio manchado llamado Estado de Derecho para traerlo entre las piernas y se fue a combatir narcotraficantes.

Cuando los malos lo vieron, se les hizo un nudo en la garganta, sus ojos empequeñecieron y se humedecieron, en sus rostros apareció una mueca y, como el personaje de la propaganda de un antiguo candidato a la Presidencia, se orinaron.

De risa.

La risa tiene diversas e incontrolables manifestaciones. Antropólogos e historiadores han intentado descifrar el origen de ese reflejo que parece natural, propio del ser humano. Sociólogos y psicólogos buscan establecer una relación entre éste y el humor, que es una conducta cultural capaz de definir identidades de clase, locales, regionales y nacionales.

La risa y el humor fueron estudiados por Freud en relación al inconsciente. Jacques Le Goff, el célebre historiador francés tiene más de quince años dirigiendo un seminario sobre la risa en la Edad Media. Umberto Eco escribió un hermoso libro basado en el peligro que el sentido del humor representaba para los monjes medievales.

En México, al parecer quienes nos gobiernan con sus representaciones del Ranchero Enamorado y El Soldado de Chocolate son especialistas del humor involuntario. Representan un grave caso de comedia y tragedia, digno de un nuevo ensayo de Milan Kundera, que podría ser la continuación de su libro El telón.

Parafraseando a Pablo Neruda, se le podría pedir a quienes gobiernan que nos quiten el pan si quieren, el aire, el agua, todo, incluyendo la capacidad de elegir a quienes nos gobiernan, pero que no nos quiten la risa, producto de su humor involuntario, porque entonces sí nos matarían.

Si nos quitan la risa, México sería un país sombrío, que se tomaría en serio todo lo que dice la cada vez más copiosa propaganda oficial y sus corifeos. Pensaríamos que están luchando contra los malos en serio y, entonces, el sentido del humor se volvería consigna de Estado.

Para reforzar a la propaganda oficial, cada vez más presente, cada vez más intensa en todos los medios de comunicación, se debe exigir que en México prevalezca la legalidad, el orden, las instituciones y el humor involuntario de Mambrú.

JAIME PRECIADO CORONADO: LATINOAMERICANISMO: SÓLO DISCURSO

Nota Original

Recientemente, las relaciones mexicanas con América Latina están plagadas de discursos que no corresponden con la realidad pura y dura de los intercambios comerciales y la primacía de intereses económicos. El nuevo gobierno federal le da un nuevo impulso a esta retórica. Así lo muestran los pronunciamientos recientes sobre política exterior y, particularmente, el viaje de Calderón a la toma de posesión presidencial de Daniel Ortega en Nicaragua. Fue en la reunión anual de embajadores y cónsules en la que se definieron lineamientos esenciales de política exterior. Destacó un posicionamiento global contra el terrorismo, telón de fondo para legitimar una visión de seguridad militarizada del combate al narcotráfico, encabezado por el Ejército y el Gabinete de seguridad. Ya hubo acercamientos con Colombia en el viaje que hizo en octubre pasado el presidente “electo”, para aprender del Plan Colombia, emblema del combate militar sesgado al narcotráfico.

También, la Secretaria de Relaciones Exteriores habló de una “normalización” de las relaciones con Cuba y Venezuela. Se impone el pragmatismo económico para defender los intereses empresariales en ambos países. Con Cuba vinieron a menos las oportunidades de inversión en turismo y energéticos, mientras que con Venezuela, país con el que construimos una relación estratégica en el pasado (Grupo de Contadora, Grupo de los Ocho, Acuerdo de San José, para suministro barato de petróleo, constitución del Sistema Económico Latinoamericano, y hasta una Naviera Multinacional del Caribe) persisten operaciones comerciales que favorecían a empresarios mexicanos de la talla de Carlos Slim, actualmente opacadas por las diferencias entre Fox y Chávez. Calderón ciertamente imprime mayor serenidad ante las relaciones bilaterales exacerbadas por su antecesor, pero no hay planteamiento alguno sobre la recuperación o creación de instancias latinoamericanistas para la concertación política. Probablemente, el relevo de Fidel Castro abra un compás de transición en Cuba, pero el reciente pronunciamiento de Chávez por el “socialismo venezolano” marcará nuevas dificultades para la política exterior mexicana.

Simbólicamente, que el primer viaje presidencial al exterior sea hacia América Central, plantea un acercamiento con América Latina, pero hay elementos para dudar sobre los alcances del discurso en proyectos específicos que vayan más allá de la mera reconfiguración de las relaciones económicas ya ensayadas y que son limitadas. Las exportaciones mexicanas hacia América Latina apenas son de 4.6 por ciento del total en 2005, de las que 1.1 por ciento corresponde a América Central; 2.2 por ciento, a América del Sur, y 1.3 por ciento a las Antillas. Aunque ya se amplió el Plan Puebla Panamá hacia Colombia, no hay perspectivas de mejoría en los intercambios comerciales con la región. Conspiran en contra el TLC que Estados Unidos busca firmar con todos los países centroamericanos, la salida de Venezuela del Grupo de los Tres y el fortalecimiento del Mercosur y la Comunidad Suramericana de Naciones.

Jorge Montaño, vicepresidente del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales, enfatiza la dimensión política latinoamericanista: “Restablecer el diálogo supone respetar y ser respetado al adherir a posiciones de interés común, por encima de la idiosincrasia que postulen los distintos gobiernos”. De ahí “la necesidad de recuperar nuestra vocación multilateral, haciendo a un lado la crisis de identidad que produjo el TLCAN y la incorporación a la OCDE”. Empero, la conversión de México en puente o bisagra entre América del Norte y del Sur depende de asuntos domésticos, y el “latinoamericanismo” calderonista es sólo un discurso para reforzar nuevas alianzas regionales internas, pues su acercamiento con el góber precioso busca revitalizar el PPP ; asimismo, el acercamiento del PAN con el Partido Popular español al condenar supuestas intromisiones de Izquierda Unida en Oaxaca, sin demostrarlo, prolonga la política interior también hacia peligrosas alianzas con partidos democristianos, proclives al autoritarismo de fachada cívico-militar en América Central, que gobiernan sentados en las bayonetas. ¿Como Calderón?

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