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miércoles, marzo 05, 2008

En concreto: El chico superpoderoso

Laura Itzel Castillo,
Secretaria de Asentamientos Humanos y Vivienda,

05 de marzo de 2008

El cursi encabezado de este texto no es invención de la que esto escribe, sino de la revista Quién, especializada en frivolidades. Apareció en portada, junto a la foto del secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, en días posteriores a su nombramiento. La frase reflejaba una realidad inobjetable: la influencia de este personaje con su jefe, el usurpador Felipe Calderón.

¿De dónde venía el poder del joven de fina estampa y modales cortesanos? En el círculo compacto de Los Pinos hablaban de sus capacidades y habilidades con admiración.

Algunas plumas oficialistas lo llamaban, sin el menor rubor, el chico maravilla.

“Inteligencia pura”, se atrevió a decir algún mozalbete perteneciente a su clan, en referencia a Jacques Atalli, ex jefe de asesores del presidente Francois Miterrand, que utilizó esta expresión durante el salinato para definir a su antiguo discípulo, Joseph Marie Córdoba Montoya.

Las historias tenían similitud asombrosa, pero sólo para esta nueva generación de panistas, cuyos referentes culturales más sofisticados —así lo indican los apodos— surgen de los dibujos animados de TV.

Juan Camilo y Joseph Marie son de origen europeo —el primero nacido en España, el segundo en Francia— y a ambos se les diseñó una oficina a modo, desde la cual fungieran como jefes de gabinete.

A Córdoba no le gustaban los reflectores. Era un personaje de bajo perfil. Prefería ejercer el poder tras bambalinas.

Mouriño, en cambio, tiene un ego mayor y busca reconocimiento por haber dejado su vida de comodidades y lujos para entrar al gobierno. Fue un sacrificio, según sus propias palabras. Consecuentemente, el otro cargo le quedaba pequeño. Apenas Gobernación estaba a su nivel.

Después de su traslado a Bucareli, los escribanos del régimen lo ubicaron como “presidenciable” y, al parecer, él se lo creyó. Ingenuo, dio a conocer documentos adulterados con los cuales intentaba probar que sí reúne los requisitos de ley para aspirar al máximo cargo del país para incrementar su fortuna. Su candidez no quedó allí: reveló que su encargo era sacar adelante la reforma energética.

No pasó mucho tiempo para que el chico superpoderoso demostrara que no era tan inteligente ni tan hábil. La documentación entregada por AMLO a los legisladores del FAP, que contienen la firma de Mouriño como representante legal de empresas familiares, en contratos asignados directamente por Pemex, siendo él subsecretario de Energía, pegó directamente en el centro del gobierno espurio. Además, la respuesta del chico maravilla fue de una torpeza enternecedora.

A estas alturas, no hay de otra: debe renunciar de inmediato a su cargo para ser sometido a un proceso penal por diversos delitos. Bien decía Jesús Reyes Heroles: “Hay políticos que suben en elevador…”

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