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domingo, marzo 09, 2008

LA PATRAÑA DEL PROGRESO O CUANDO EL PAN SE CONVIERTE EN EL PRI

Fue la excusa favorita de los priistas durante DÉCADAS para hacer cualquier cochinada: la revolución.

"La revolución sigue su marcha" dijeron presidente tras presidente, jilguero tras jilguero, político tras político del PRI sexenio tras sexenio. "La gran familia revolucionaria" se hacían llamar. Y todo aquel que se atreviera a cuestionar las corruptelas, latrocinios, atropellos, despojos, torturas, secuestros, y asesinatos perpetrados por el PRI se convertía entonces en un enemigo que atentaba contra el progreso y contra el avance de la revolución que, según el PRI, seguía su marcha.

Llega Carlos Salinas de Gortari al poder y el PRI sigue usando exactamente el mismo discurso, sólo que ahora con un eufemismo: "la modernidad."

Salinas se montó en el discurso de que traería la "modernidad" pero lo único que hizo fue PRIVATIZAR las paraestatales y la banca, lo cual desencadenó en una de las peores crisis económicas de la historia y dio pie al FOBAPROA.

Tanto la idea de la "revolución" como la idea de la "modernidad" pretendían que la gente creyera que el gobierno priista tenía como objetivo traer "progreso" al país. Y quien se oponía a las cochinadas, chingaderas y crímenes del PRI era tachado como "enemigo del progreso."

Durante los sexenios de Zedillo y de Fox se abandonó el pretexto del "progreso" por la simple y sencilla razón de que ya nadie se lo tragaba. El lema de Zedillo era "sí sabe como hacerlo." No presumía que traería el progreso, sino que simplemente sí podía con el paquete de por lo menos evitar que el caos se desbordara en el país luego del levantamiento zapatista, el asesinato de Colosio, y el de Ruiz Massieu. Prometer progreso cuando el país se estaba desbaratando tras seis años de "modernidad" salinista era una ofensa a la inteligencia.

Fox TAMPOCO ofreció progreso. Ofreció el "cambio", pero casi tan pronto como llegó al poder, Fox declaró que "cambio no quiere decir hacer las cosas distinto sino mejor". Es decir, para Fox el "cambio" consistía en que un panista continuara con otro sexenio de zedillismo--inclusive con los mismos funcionarios, como fue el caso de Guillermo Ortiz en el Banco de México.

Llega 2006 y Andrés Manuel López Obrador ofrece un proyecto alternativo de nación. Esto no implicaba "progreso" como lo ofrecían los priistas, sino el fin de los malos manejos del país para lograr la justicia social. Quien sí se cuelga más o menos de la idea del progreso priista fue fecal con su lema "para que vivamos mejor" y con masturbaciones mentales como "el México ganador" o "el futuro", lo cual no se traga nadie gracias al desastre que fue el sexenio de Fox. Esto quedó plenamente demostrado con la derrota electoral de fecal el 2 de Julio de 2006, la cual llevó al PAN a cometer uno de los fraudes electorales más burdos de la historia.

Luego de USURPAR la presidencia, fecal se monta en otro eufemismo: "el México que queremos." Nadie se lo cree, desde luego, ya que durante el primer año del ESPURIATO se disparan los precios de los productos básicos, aumenta la violencia por el narco, y en general el descontento social.

Pero es hasta 2008 cuando el PAN se monta de lleno en el discurso de los enemigos del progreso que tanto le gustaba al PRI. Esto ocurre, curiosamente, cuando se da a conocer que Juan Camilo Mouriño, siendo diputado federal y asesor de la secretaría de energía cuando fecal era titular de la SENER, había incurrido en ilegalidades al firmar contratos de Pemex con Ivancar, empresa propiedad de la familia Mouriño. Quien hace estallar el escándalo es Andrés Manuel López Obrador, y es amplificado por el PRD en la cámara de diputados--o bueno, por algunos perredistas, ya que integrantes de Nueva Izquierda como Ruth Zavaleta se abstienen de tocar a Mouriño debido a los acuerdos que hay entre Mouriño y los chuchos para que Jesús Ortega pueda apoderarse del PRD.

Ni Mouriño ni el PAN ni la presidencia podían rebatir las acusaciones. Mouriño había firmado esos contratos y lo tuvo que admitir en televisión. Pero al hacerlo también hace una declaración que no se había escuchado en el país en más de 2 sexenios: alegó que quienes estaban poniendo en evidencia sus actos ilícitos pretendían detener el progreso del país. Practicamente montándose en un discurso de campaña, Mouriño acusó a quienes lo pusieron en evidencia de tratar de impedir el progreso del país por medio de las reformas "que México necesita" y que en realidad no eran otra cosa más que la privatización de Pemex y de la CFE.

Curiosamente, a pesar de que Mouriño virtualmente tachó de enemigos del progreso a quienes lo denunciaron por ilegalidades que él mismo admitió, NUNCA presentó UNA SOLA EVIDENCIA que demostrara que no había cometido una ilegalidad al firmar esos contratos. Sólo había UNA sóla posible evidencia que convertiría a sus firmas de contratos con Ivancar en Pemex en actos legales: un permiso por escrito de su superior jerárquico (en ese entonces Felipe Calderón) autorizando que firmara los contratos. Pero en la entrevista con Joaquín López Dóriga en la que Mouriño pretendió defenderse acusando a sus acusadores de enemigos del progreso, Mouriño dijo que Calderón no sabía nada de los contratos con Ivancar--como bien señaló Jaime Avilés en su columna Desfiladero en La Jornada. Es decir, Mouriño se cerró sólito única posible salida que tenía usando su propia lengua.

Al siguiente día de la entrevista, diputados perredistas dieron a conocer que no sólo Mouriño estaba implicado en actividades delictivas por la firma de los contratos de Ivancar, sino también César Nava, achichincle de fecal en Los Pinos que en el tiempo en el que fueron firmados los contratos se desempeñaba como abogado de Pemex. La respuesta de Nava fue practicamente igual a la de Mouriño: quienes lo atacaban eran enemigos del progreso. Dijo Nava según una nota del Reforma:

"Lo que estamos viendo es uno más de los ataques infundados en ésta cadena de ataques e intentos por frenar el avance del País", señaló entrevistado en conferencia de prensa, antes de reunirse con legisladores locales del PAN.

Nava dijo que hay un esfuerzo de un grupo de personas que se oponen al avance de la Nación.

"Quieren que le vaya mal al Gobierno del Presidente Calderón y quieren que le vaya mal al País", reiteró.


Al día siguiente, respecto al tema de las acusaciones contra Mouriño por actos ilegales, Germán Martínez, líder nacional del PAN y achichincle de fecal tanto en su campaña electoral como durante pocos meses en la Secretaría de la Función Pública, declaró según una nota del Reforma:

"El país está importando gasolina y los señores están excusándose de no discutir una reforma energética, de no aprobarla; están entorpeciendo el desarrollo nacional, están entorpeciendo el crecimiento del país y están entorpeciendo sacar un recurso natural en hidrocarburos que tenemos", afirmó.


Es decir; no presentó una sóla evidencia que demostrara que Mouriño no había cometido una ilegalidad; se colgó del discurso de los enemigos del progreso como lo hicieran antes que él Mouriño y César Nava--y centenares de priistas durante décadas antes que ellos cuando eran señalados por sus crímenes, abusos e ineptitudes.

Curiosamente, lo que el PAN ahora califica como "progreso" es lo mismo que Salinas hizo con sello de supuesta modernidad: la privatización de lo poco que le queda al país. Las acusaciones de actos delictivos por parte Mouriño, quien es el verdadero cabildero detrás del intento de privatización de Pemex, no pudieron ser rebatidas, por lo cual los panistas optaron por el discurso de los enemigos del progreso tanto para desviar la atención de los crímenes cometidos por Mouriño como para tratar de justificar la entrega de Pemex a las trasnacionales extranjeras.

Con este uso de la retórica de los enemigos del progreso, el PAN terminó de convertirse en lo que tanto criticaron por décadas: en el PRI.

DATO CURIOSO:
En la película Rosa Blanca, una empresa petrolera trasnacional pretende comprar unas tierras pertenecientes a un campesino ya que en estas hay petróleo. El campesino, interpretado por Ignacio López Tarso, se niega a vender sus tierras ya que el campo es su modo de vida y así lo ha sido en su familia por generaciones. Luego de que el campesino rechaza una segunda (y fuerte) oferta de dinero por las tierras, el representante de la trasnacional lo amenaza con quitarle sus tierras a la mala. Es decir; con incurrir en un ilícito. El representante de la trasnacional agrega que este tipo de arbitrariedades ya se había hecho antes con "propietarios obstinados que no querían vender, cooperar con el progreso."

Aquí el fragmento de la película donde se dice esto:


http://www.youtube.com/watch?v=gb6OLqIFQPI

Esa es la retórica que usa ahora el PAN; la del "coopelas o cuello" pero tratando de justificar sus ilegalidades por medio de una acusación de enemistad con "el progreso." Como el PRI durante las décadas que estuvo en el poder.


Una razón más para apoyar al peje en el 2008.

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