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miércoles, marzo 22, 2006

CUANDO LA INTELIGENCIA BRILLA.

Enrique Maza nos deleita en Proceso.

Qué corresponde a cada quien?.
enrique maza22/03/2006.

Felipe Calderón, en uno de sus comerciales de televisión, anuncia que la justicia es una de sus metas y define la justicia: "Dar a cada quien lo que le corresponde". Pero no dice qué le corresponde a cada quien. Lo que en esta sociedad vivimos es que al campesino y al obrero les corresponde un salario mínimo que apenas les alcanza para sobrevivir, y a los ricos les corresponden entradas de voracidad. ¿Es la abismal diferencia de salarios entre ricos y pobres, y la escandalosa pobreza del país lo que a cada quién le corresponde?
En esa definición de justicia, tomada de la filosofía escolástica medieval, lo que no se define es lo que corresponde. Y como no se define, finalmente es la ideología la que lo define. Y eso, que no es justicia, es lo que alarma en Calderón, porque su ideología es el neoliberalismo, causa actual de que se niegue a cada quien lo que le corresponde como ser humano y como ciudadano de este país. Testigo es la pobreza.

La expresión "justicia" hace referencia inevitable a un valor o a un conjunto de valores que se utilizan para enjuiciar, criticar o aceptar las normas que rigen las relaciones entre los miembros de la sociedad. Y, por tanto, los actos que se derivan de esas normas. Uno de esos actos es la repartición de los bienes, es decir, dar a cada quien lo que le corresponde. Y eso es lo que definen los criterios específicos y personales de valoración.

Por eso la justicia se refiere inevitablemente a la ideología, porque la ideología define las normas de conducta y los criterios que regulan las relaciones sociales, como el reparto de la riqueza, es decir, el dar a cada quien lo que le corresponde, que siempre se hace de acuerdo con la ideología que define las normas de conducta.
La ideología de derecha encubre con conceptos como economía con rostro humano, como el derecho a la vida -que finalmente sólo se refiere al aborto-, inclusive con conceptos religiosos, la desigualdad social, económica y humana. Calderón representa a la derecha y es de derecha. Por tanto, "dar a cada quien lo que le corresponde" significa, como siempre en la derecha, la desigualad socioeconómica y, en consecuencia, humana, por más que se dé baños de pobres.

La igualdad socioeconómica de la que hablan es sólo un mito ideológico, no una realidad. El neoliberalismo ha dado la supremacía al dinero, a la mercancía, a la productividad, a la especulación, a las ganancias, y esos son los criterios que privan. En consecuencia, los trabajadores son sólo una pieza, un instrumento que reditúa ganancias para los pocos de arriba. Y esto es lo que Calderón dice que va a continuar. Es su ideología. Por ella va a decidir.

Estos son los problemas y la esencia de los comerciales de campaña política en televisión. Dan lugar a una frase más o menos llamativa, más o menos simplona o más o menos cursi, pero no al significado profundo que de ella se deriva.
Que Calderón explique, más allá de su frasecita medieval, lo que corresponde a cada uno en esta sociedad de desiguales fundamentada en la injusticia racial, socioeconómica, educativa, religiosa, de salud, de oportunidades y de género.Lo que estamos experimentando en estas campañas políticas es la situación que se produce cuando una necesidad personal más alta -la conquista del puesto político- obliga a buen número de candidatos a traicionar la sustancia ética de la nación y de la política. Y de ellos mismos, si la tienen.

La gran mayoría de estas campañas nos están dejando un sentimiento y una atmósfera de decadencia nacional. Nos llenan de lugares comunes, de realidades ficticias, de mitos que les sirven de referencia. Estas campañas son la tensión entre el mito y nuestra historia real. Como ese mito de dar a cada quien lo que le corresponde, que no tiene nada qué ver con nuestra realidad y con nuestra historia. Se fascinan con los mitos antiguos y están ciegos frente a la actualidad, frente a las vidas de tantos mexicanos: áridas, alienadas, desencantadas, empobrecidas, abandonadas. La realidad mexicana es el retorno de la violencia y de la mentira. Y la continuidad insaciable de la corrupción, desde la Presidencia para abajo. Le falta un significado a este panorama sombrío de futilidad y anarquía.

Otro ejemplo es el secretario de Gobernación con su fanatismo y con esa certeza suya de quien habla en nombre de principios absolutos y pretende que sus palabras tengan esa misma calidad absoluta. La religión y el poder no sólo no se llevan, sino se contradicen. Hay dos obras, entre muchas, que lo dejan bien claro a lo largo de la historia: el libro de Georges Minois La Iglesia y la guerra / de la Biblia a la era atómica, y la obra de Karlheinz Deschner Historia criminal del cristianismo. Queda claro en ellas que el amor es ponerse uno al servicio de los demás, y el poder es poner a los demás al servicio de uno. Irremediablemente. Y más cuando el poder se sacraliza con la religión. Dicho sea de paso, el catolicismo es un modo de creer y de dar culto; es una religión. El cristianismo es un modo de ser al servicio de los demás.

El fanatismo, en definición de Kant, "es una transgresión de los límites de la razón humana emprendida según propios principios". Es sustituir la intención moral por la santidad de quien se cree poseído por una razón o por una pureza superior. Es ignorar los límites de los poderes humanos. Es querer volver a un pasado que ya rebasó el presente, una doctrina que olvida los límites del hombre, una falta de respeto a la conciencia de los demás.En México hay muchas religiones y muchas cosmogonías que merecen respeto y aun admiración.

No puede el Estado, como tal, tener una religión. El Estado tiene que ser laico, si no por otras razones, al menos por elemental respeto a la variedad legítima de religiones. Que los hombres de Estado practiquen su religión, si la tienen, con la discreción elemental que se espera de ellos, y que no hagan de su devotería un espectáculo público, como hace Fox y pretende Abascal con la sacralización del Estado.Cuando abogan por un Estado católico, no se han puesto a pensar que el contenido más importante de la predicación de Jesús de Nazaret y de sus discípulos no fue la religión, y menos desde el Estado. Su reino no es de este mundo. Y se negó a rociar de agua bendita al poder. Su tema fue la pertenencia, la justicia y la igualdad para todos aquellos que las necesitan, y las tuvo con los expulsados del culto y de la religión, y especialmente con los socialmente humildes y esclavizados.

Justicia y amor están por enciman del culto y de la religión. Preferible a un Estado católico, sería que el Estado se ocupara de todos aquellos a los que social y económicamente se les ha negado una vida digna. Sería mucho más cristiano, aunque no fuera católico. Al margen de las confesionalidades, esa es la razón de ser de un Estado laico. Mucho le ha costado a México conquistar la laicidad del Estado para que pretendan ahora meterlo en la licuadora con la religión. Es inmoral que encubran su ideología y sus verdaderas intenciones con discursos religiosos frente a un pueblo pobre y creyente.

México sufre un vacío de sentido, de valores y de normas, no sólo como un problema individual y bastante generalizado, sino como un problema político de importancia. No se trata únicamente de saber si vencemos al narcotráfico, a la violencia y a la corrupción ya cínica e inmune de los políticos. Se trata de nuestra capacidad para enfrentar y solucionar los enormes problemas económicos, sociales, ecológicos, políticos y morales que nosotros mismos hemos creado. Se impone un pensamiento enteramente nuevo, no el regreso al pasado cristero. Se trata de saber cuáles son las opciones esenciales, de llenar el vacío de un sentido global de la vida y del país, de establecer y de vivir los criterios éticos fundamentales y de llenar los vacíos de vida que están teniendo ya consecuencias psíquicas y sociales desastrosas.

Una razón mas para votar por AMLO y la mayoría perredista al congreso.

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