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sábado, octubre 07, 2006

URO PERDIÓ LA CABEZA DESDE HACE MUCHO.

REFORMA.

René Delgado.

Triple play político.

Sostener a un gobernador en su puesto supone un imprescindible: que haya gobernador y en Oaxaca no lo hay. De ahí que empeñarse en sostener a Ulises Ruiz es un absurdo que, conforme pasan los días, amenaza con convertirse en un ridículo.Al gobierno federal le va salir más caro el velorio que el entierro político de Ulises Ruiz. Todo porque el PRI quiere pasear al muerto y espantar con su petate....

A estas alturas de la crisis muy poco importa que la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca y el magisterio pidan la cabeza del gobernador. Ulises ya no la trae puesta.En más de un sentido, Ulises Ruiz perdió la cabeza desde hace tiempo. De todos era sabido que el oaxaqueño era relativamente bueno para armar elecciones a su estilo y de todos era desconocida su incapacidad para armar gobierno.

Y, como muchos otros, el oaxaqueño se confundió: ganar una elección no necesariamente implica ganar un gobierno. Ahora, debe de tenerlo claro.No acababa de sentarse en el despacho de gobierno cuando Ulises mostró el cobre de su espíritu autoritario y revanchista. No se interesó por cerrar las heridas de su elección.

Pasó a confrontarse con medios de comunicación y periodistas. No desaprovechó la oportunidad para chocar con la sociedad a raíz de la remodelación del zócalo de la capital. No supo sacudirse la sombra y la herencia de José Murat y, de paso, lo confrontó. Rompió con la clase política de su propio partido que, ahora, lo respalda poniéndole zancadillas. Hostigó como pudo a los empresarios que ofrecían resistencia a sus abusos y caprichos.

Y, en el colmo del absurdo, azuzó al movimiento que hoy lo tiene contra la pared.En la desesperación por sostenerse donde ni siquiera ha estado en serio, Ulises Ruiz echó mano de la fuerza que no tenía, convirtió el problema en una crisis y, quizá, porque del conflicto hizo el sello de su sobrevivencia, quiso involucrar al gobierno federal en la confrontación.

Tenía y tiene claro que más fácil salva la cabeza en la confrontación que en la negociación política.El resultado está a la vista. Oaxaca vive uno de sus momentos más difíciles y, aún hoy, Ulises Ruiz baladronea: dice que si pide licencia será de automovilista....

Fiel a su política evasiva, el gobierno federal rehuyó el problema. Bajo el manido recurso del más absoluto respeto al federalismo, la Presidencia de la República manifestó que dado el carácter local del problema no intervendría. Conferencias de prensa se llevó el portavoz Rubén Aguilar afirmando eso. Se puso en práctica esa perniciosa idea de que, si se niega la realidad, la realidad no existe.

Así, transcurrieron semanas en las que los secretarios de Educación Pública y de Gobernación, Reyes Tamez y Carlos Abascal, se hicieron ojo de hormiga. Después, cuando Ulises Ruiz echó mano de la fuerza, el gobierno federal no pudo más que reconocer el problema y asomarse tibiamente a él. Estaba de por medio la elección federal y no se quería que ese foco de inestabilidad repercutiera en el ya de por sí complicado proceso electoral.

La receta aplicada fue la peor: ignorar el problema, dejándolo crecer como una enredadera.A 150 días de iniciado el problema, el gobierno federal está metido de cabeza. Reconoce que Ulises Ruiz es insostenible y, por haber dilatado su intervención, dejó que se mezclara otro asunto: la sesión de Congreso del 1o. de diciembre en la que Felipe Calderón deberá asumir la Presidencia de la República.

En los pasillos de Gobernación se dice que la complicación para darle solución al problema deriva de la amenaza hecha por varios gobernadores del Partido Revolucionario Institucional: si Ulises cae, la fracción parlamentaria tricolor podría romper el quórum en la sesión de Congreso del 1o. de diciembre. La asunción de Felipe Calderón de la Presidencia de la República se vería en peligro.En ese punto, el gobierno federal dobló para variar las manos.

Abandonó la idea de que fuera el Senado de la República quien determinara la eventual desaparición de poderes en Oaxaca y cedió sin más ante las demandas del magisterio pero, aun así, la exigencia de destituir a Ulises Ruiz se mantuvo. Por eso tanta contradicción, tanta mesa, tanta indecisión, tanto discurso inútil queriendo validar el uso legítimo de la fuerza que, al final, queda no en un acto de autoridad sino en un acto de indecisión....

Frente a la circunstancia oaxaqueña queda una duda y un último recurso.La duda consiste en saber qué fue lo hablado por el presidente Vicente Fox y los gobernadores priistas que han manifestado su apoyo a Ulises Ruiz. Algo se tuvo que negociar porque, a partir de ese encuentro, comenzó el giro gubernamental (federal) planteando como disyuntiva el diálogo político o el desalojo por la vía de la fuerza. Disyuntiva que, por lo que se ve, tiene muy mal parado al gobierno federal que no acaba de deshojar la margarita de Ulises Ruiz.

Si no hubo mezquindad en la negociación, es obligado pensar que la Presidencia de la República planteó el conflicto oaxaqueño en el marco de la situación política nacional. Esto es, habría planteado una fórmula de arreglo que, por un lado, diera satisfacción al priismo (aun al precio de sostener en el gobierno oaxaqueño a Ulises Ruiz) acotando, sin embargo, los márgenes de maniobra del gobernador y, por otro lado, le diera garantías al gobierno de Felipe Calderón sobre la base de contener la política chantajista tricolor que, de a tiro por acto o acción del gobierno saliente o entrante, eleva el precio de su apoyo.

Algo se tuvo que haber negociado pero, por lo pronto, eso está en la penumbra.A manera de ejemplo, se pudo haber negociado sostener a Ulises a cambio de dos reformas: una local que, como se ha propuesto, acote al mandatario y fortalezca los instrumentos de participación directa de la sociedad oaxaqueña y, dos, una estructural -acaso, la energética- que amplíe el margen de maniobra de Felipe Calderón. El precio de esa negociación podría no ser tan oneroso con todo y lo elevado que es, pero -si la titubeante acción gubernamental sólo es producto de la amenaza de que los priistas no integrarían el quórum en la sesión de Congreso General-, es evidente que tanto el gobierno saliente como el entrante son rehenes del PRI. ¿Qué se negoció, en esa reunión de Fox con los gobernadores?

Como quiera, ahora el gobierno federal no tiene más que una opción: aplicar un triple play político, antes de que Ulises Ruiz cometa un acto desesperado que complique aún más las cosas y arrastre al país a un conflicto mayor....

Ese triple play político es el siguiente: uno, negociar el desalojo pacífico de la plaza por parte del magisterio y la APPO; dos, presionar para que la fracción parlamentaria albiazul y la perredista declaren, en el Senado, la desaparición de poderes en Oaxaca; y, tres, alentar e instrumentar una reforma política en Oaxaca que dé garantías a todos, a todos los actores políticos en esa entidad.La estancia de Ulises Ruiz en el gobierno de Oaxaca es insostenible, el gobierno federal dejó escapar la oportunidad de concretar una negociación de largo alcance, el tiempo presiona.

Si no se lleva a cabo ese triple play rápidamente, el porvenir será todavía más incierto y el gobierno federal saldrá otra vez ponchado.

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