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martes, marzo 18, 2008

La Bestia Herida

La Bestia Herida

“Beware the jabberwocky my son” – Lewis Carroll

La bestia está herida. Lo sabe. Pierde fuerza. Su miedo se huele de lejos. Se caga. Se mea. En las alturas se juntan los zopilotes. Los cazadores la contemplan exhaustos. Les ha costado mucha sangre y esfuerzo llevarla a ese punto. Saben que ya muere, que es por lo tanto aun mas peligrosa.

Examinemos a la bestia. Si algo hay que caracterice a este régimen son sus constantes fracasos. Desde Anastasio Bustamante (1830’s) no ha tenido la derecha un presidente autoritario y eficaz (Santa Anna era autoritario y torpe). Todos los gobiernos de derecha en México tarde o temprano han acabado en el fracaso o en el ridículo. En el caso del gobierno del enano, está haciendo grandes esfuerzos por cosechar ambas medallas.

El enano apostó a que San Judas Cuauhtemoc podría debilitar a la izquierda mexicana. No tenia en realidad opción. San Judas Cuauhtemoc había negociado actuar en esa forma con George Shultz en Banff. Así pues, cuando el ex subsecretario de piñatas, quermeses, y fiestas bicentenarias se presentó en Los Pinos demandando financiamiento para él y sus chuchos el enano obedeció de inmediato las órdenes del patroncito.

Todo fue en balde. El 16 de marzo pasado el pueblo de México mandó a San Judas Cuauhtemoc y a los chuchos a la chingada. Los efectos de esa hecatombe todavía cimbran el edificio del gobierno y preocupan a sus patroncitos. Hasta la oficina de Mr. Shultz llegan las noticias de la putiza a los chuchos. Este reacciona con coraje y golpetea en la mesa enojado. Toma el teléfono y habla a Los Pinos. El tono de la conversación pronto degenera en gritos y acusaciones.

Confía el enano en que los mierdios chayoteros podran seguir dorándole la píldora al pueblo de México. Gasta cantidades ridículas en spots y propaganda. Sus perros a sueldo despotrican contra el movimiento, diciendo que AMLO ya “esta muerto políticamente” (¿y pos que tanto miedo le tienen a un muerto?). Sus cagatintas a sueldo regañan: “¿por qué va la gente a grabar los comicios?”

De nada sirve todo ese derroche de dinero. La penetración de los medios alternativos es cada vez mas profunda. Cada día menos gente le cree a la niña drogadicta del sueter rosadito. Y la gente ya está hastiada de la propaganda gubernamental. Ya no le creen al gobierno. La inflación y la falta de empleos son realidades que ningún spot lograra tapar.

Se apresura con todo el enano para intentar entregar PEMEX a los gringos. Sus patrones le reclaman las tardanzas. Y el enano lanza todo una propaganda mediática para tratar de convencer a los mexicanos de las ventajas de entregar oro a cambio de espejitos.

Pero luego estalla el escándalo con el “mujercito” del presidente. Sin siquiera despeinarse el gallito AMLO desata un vendaval exponiendo las cochinadas del “mujercito”. En vano intenta el enano tapar el escándalo. Los mismos medios chayoteros lo exponen: tan torpe ha sido el “mujercito” que hasta a estos ha antagonizado. Y en medio de ese escándalo, la “deforma energética” del enano, cuyo principal impulsor es el “mujercito”, amenaza con irse a aguas profundas, si, igual que el Titanic.

La bestia se retuerce de dolor. Su colota, larga y peluda, se agita y derriba árboles y arbustos. No es la primera vez que semejante bestia agoniza. Es cuando es más peligrosa.

Derrotados por las fuerzas juaristas, solo unas cuantas gavillas de conservadores seguían en pie a finales de la década de 1850. Una de estas gavillas capitaneadas por Leonardo Márquez se presentó en el rancho donde vivía don Melchor Ocampo. Márquez se ensaño con este. Lo mataron a golpes.

Perseguidos por el gobierno, las gavillas de Márquez se disolvieron en la sierra, a esperar a que llegaran los franceses y ofrecerles a estos sus servicios. Cuando estas tristes gavillas de conservadores se presentaron ante Lorencez este se sintió aun mas confiado. Si esa infeliz bestia agonizante era lo que los mexicanos consideraban un ejercito, entonces el tomar Puebla seria un paseo. Esa bestia retomó nuevos bríos con la llegada de los franceses. Pero de todas maneras acabó sus días en el cerro de las campanas.

Los Flores Magon llamaron a su bestia “el buitre viejo”. Y ese buitre viejo, que alguna vez fue un águila majestuosa, acabo sus días ahogando en sangre su demencia senil. La orden de “matalos en caliente” salio una y otra vez de Chapultepec, el palacio presidencial entonces, condenando a muerte a todo el que osara oponerse al buitre viejo. Los rurales, la garra asesina de ese buitre viejo, no tenían empacho en asesinar obreros en Cananea o hilanderas en Rio Blanco. En sus estertores agonizantes el buitre viejo llevó al país al desastre y desató la revolución. Esa bestia murió, si, pero se llevó con ella a un millón de mexicanos.

Durante la guerra cristera, un joven general del ejército federal contemplaba a sus hombres preparar sus vivaques en un pueblo en los Altos de Jalisco. Muchos de ellos, notó, traían crucifijos y estampitas de santos dentro del quepi. ¿Serian de confiar?

Lázaro Cárdenas se contestó que si. Después de todo, sus hombres habían encontrado los cadáveres torturados de soldados que habían caído en manos de los cristeros. También habían visto a los maestros rurales desorejados o a los que les habían arrancado la lengua. Y las cenizas del tren a Guadalajara, asaltado e incendiado por los cristeros, quemando vivos a 200 mujeres y niños, todavía estaban calientes. Si, confiaba Lázaro Cárdenas, sus hombres habían visto todo eso y eran de confiar. La bestia llamada la cristiada murió, pero no sin antes haber derramado ríos de sangre inocente.

Así pues, tened cuidado con la bestia. Agoniza, si, pero todavía tiene algunas fuerzas. Intentara todo con tal de agredir a sus perseguidores. Esta bestia de nuestros días no llega ni a buitre viejo. Nunca fue aguila. A los mas que aspira es a ser cachorro. Esta bestia es sanguinaria y estupida y no posee ni una pizca de moral o ética. Y ya está herida: eso la hace doblemente peligrosa. Si, ofende con tal solo existir. Mancilla el suelo patrio. Contamina el ambiente. Apesta. Si, hay que darle el golpe de gracia. Pero hay que hacerlo al menor costo posible. Es la hora de tener la cabeza fría y el corazón caliente.

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