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martes, abril 17, 2007

Hablar bien: requisito para la batalla contra el sistema

17 de abril del 2007.

REVOLUCIONES, Sam García.

El habla es una actividad humana que varía sin límites precisos en los distintos grupos sociales, porque es una herencia puramente histórica del grupo, producto de un habito social mantenido durante largo tiempo.
Edward Sapir

Y COMO PUEDE ser una actividad humana, que existe, que es visible y se percibe, el habla puede equivaler también a un mero espejismo, una simulación. En numerosas ocasiones he señalado (con el debido respeto), que nuestro pueblo de México tiene muchas deficiencias en cuanto a leer y a escribir se refiere. ¿Y que hay del habla? Pues no estamos tan lejos de indicar lo mismo, hay una tremenda falla en este aspecto de nuestra vida y que requerimos corregir de una buena vez por todas. Este es un señalamiento con el fin no de desmotivar y arremeter contra las deficiencias históricas que podamos tener sino una motivación a que seamos objetivos y precisos en nuestra lucha.

Basta con voltear a mirar los distintos medios convencionales o hasta alternativos y escuchar todo lo vertido por los "hombres más preparados y capacitados del país", según aptos para gobernarnos y se nota de inmediato una carencia de habla correcta, es más, pareciera que se está escuchando un show cómico de tanto disparate que dicen, aquí entran legisladores de todos los partidos. El habla, que se ha manejado dentro y fuera de la política, ha correspondido al sistema, lo ha dejado prevalecer, a respondido a sus propósitos y uno clave, es el que rompe la línea de comunicación entre individuos y hace casi imposible la integración humana, el obtener acuerdos para el bien común. Por lo regular aún dentro de la misma gente identificada como resistencia, no se habla de acuerdo a lo que se cree, se siente o se piensa, sino que se repite lo que dijo el otro, lo que se escucho en tal lado y no precisamente se habla de algo que sea propio.

Es muy importante, sí escuchar a los lideres, a la gente que es guía en nuestra lucha, pero tampoco podemos corromper nuestro lenguaje oral y escrito y ser verdaderos pericos, en el sentido de estar hable y hable de lo mismo sin llegar a ningún lado. No se ustedes pero yo veo muy desgastado al sistema dominante, ya han hastiado al pueblo de tanto "bla, bla y bla", siempre lo mismo y ya nadie cree sus mentiras y los pocos que lo creen es evidente repiten eso, pues es lo único que ven e influye en sus vidas. Cuando hablo con algún conocido o amigo panista, o priísta, más que escuchar a esa persona, me encuentro con que escucho a López Doriga, a Gómez Leyva, entre otros que se supone son comunicadores, pero que también en su habla, de fondo, repiten y dicen lo que opera a beneficio del sistema y no lo que puntualmente deberían de decir. Resumiendo fingen hablar pero tan solo repiten, no comunican solo escupen.

sábado, abril 14, 2007

Telera, pambazo y pá fuera

René Chargoy Guajardo, Revoluciones

La televisión impone nuevos modos de ver y sentir, de mostrar y comunicar.

LA TELEVISIÓN ES el gran ritual de la modernidad, con eficacia desarrolla nuevos modos de seducción que modifican su relación con el espectador. Escenifica la realidad como un espectáculo y diluye la frontera entre información y entretenimiento, lo mismo también desaparece a conveniencia la diferenciación entre lo público y lo privado, que mezcla arbitrariamente y con singular alegría la realidad con la ficción.

La pantalla chica es una formidable cámara de eco de lo colectivo. Con imágenes efímeras invade la intimidad del otro, y mediante diálogos simples y anodinos elabora un discurso ameno y bobalicón que atrapa. En supuesto contrapeso, en horarios nocturnos y mañaneros aborda conflictos que trivializa con declaraciones fragmentadas, casi siempre desde la óptica oficialista, y presenta los problemas sociales desde una ventana que los transfigura en descontentos pasajeros, sobredimensionando la versión policíaca de los hechos que no son tales, sino su interpretación dramatizada para generar un mayor raiting.

La televisión se inserta en lo que llamamos la cultura de la imagen, donde las representaciones mediáticas operan como una especie de filtro. Impone nuevos modos de ver y sentir, de mostrar y comunicar. En ella sucede algo extraño: mientras los noticieros se llenan de fantasía tecnológica y se espectacularizan hasta volverse increíbles, es en las telenovelas y los seriados donde el país se relata y se deja ver. En los noticieros la modernización se agota en una parafernalia electrónica y escenográfica, mediante la cual el vedetismo político o farandulero se hace pasar por realidad y que con pericia se transmuta en hiperrealidad. La televisión no sólo sustituye a los grandes mediadores culturales (familia, escuela, intelectuales), sino también el déficit de intercambio en el ámbito social y los fallos de representación en el espacio público; es "comunicación representada", proyectada virtualmente en la pantalla.

Se nutre de la realidad, pero a la vez contribuye a crear una que es híbrida y muy sui generis para edificar sus "mundos posibles". Se convierte en constructora de realidad, de una muy propia pero que, al mismo tiempo, nos informa sobre aquella vivencial en su dimensión cotidiana e imaginaria. La televisión interfiere, media en nuestra relación con el mundo, se erige a menudo en realidad.

Este medio instaurador de su propia República, se ha auto erigido en actor decisivo de los cambios sociales, en protagonista de las nuevas maneras de hacer política, a la vez que en permanente simulacro de los sondeos que suplantan la participación ciudadana, y donde el espectáculo truca hasta disolver el debate. Por esa "esfera pública electrónica" pasa en buena medida la democratización de las costumbres y de la cultura política.

Lea aquí texto completo

viernes, abril 13, 2007

Hablemos de la legitimidad de un tal Felipe Calderón

REVOLUCIONES, Sam García.

AYER REVISAMOS EN la asignatura de Teoría Política algo interesante sobre Max Weber quien distingue tres tipos de legitimidad. La primera de ellas es la legitimidad tradicional, que apela a la creencia en la santidad o corrección de las tradiciones inmemoriales de una comunidad como fundamento del poder y la autoridad y que señala como gobiernos legítimos a aquellos que se ejercen bajo el influjo de esos valores tradicionales (la legitimidad monárquica sería el ejemplo evidente de este tipo de legitimidad).

Este tipo de legitimidad va en el sentido de “lo que se hereda”. Efectivamente los reyes gracias a la monarquía tenían esa característica en automático, esto era admitido dentro de la sociedad sin problema alguno, el hecho de que los reyes fueran uno tras otro del mismo linaje o que cuando este terminará fuera otra familia la que heredara el trono pero era un asunto de herencia, ya establecido.

¿Tiene de algún modo relación este tipo de legitimidad con Felipe Calderón? No, ninguna y ni aún suponiendo que los potentados son un puñado de familias y que estos deciden quien va o quien no, o que Felipe pudiera ser un “buen católico” y que por dedazo le tocó estar donde está, no, no hay ninguna relación entre la legitimidad y Felipe Calderón. Podemos aseverarlo mejor indicando que aún dentro de esos mismos potentados se sabe que el señor Calderón Hinojosa no es quien realmente gobierna, sino es solo un títere, un actor para actuar a favor de las minorías rapaces.

La legitimidad que sigue es la legitimidad carismática, que apela a la creencia en excepcionales cualidades (ya desde aquí nada que ver con Calderón) de heroísmo o de carácter de una persona individual y del orden normativo revelado u ordenado por ella, considerando como dignos de obediencia los mandatos de esa persona o ese orden (la autoridad de lideres tan distintos entre sí como Gandhi, Mussolini o Jomeini vendría a caer en esta categoría).

Es muy claro lo que revela este tipo de legitimidad se trata de la conexión y aceptación que existe entre el sujeto y la población, la gente, los ciudadanos, las demás personas. La legitimidad carismática no es nada más para los lideres “buenos”, sino también se dice que la legitimidad carismática aplica para gente como Mussolini y Hitler por citar un par de ejemplos, quienes a pesar de lo que hicieron –hoy interpretado como malo- tuvieron a la muchedumbre de su lado.

Ahora, si revisamos este tipo de legitimidad así sin irnos lejos, nada tiene que ver aquí Calderón Hinojosa, quien ya desde su propia persona, como sujeto, no tiene nada de carisma, ni en su casa siquiera. Es evidente que la única “muchedumbre” que le sigue es el EMP y que aún entre ellos mismos “no lo soportan”, es decir, no le atribuyen ni una pizca de legitimidad, ustedes dirán “pero los potentados sí”. Pero, ¡oh sorpresa!...

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