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domingo, marzo 04, 2007

EJERCITO MEXICANO EN CRISIS.

Ejército Mexicano en crisis

Yenise Tinoco
Armamento obsoleto, rezago en inteligencia, deserciones por decenas de miles y magros salarios para la tropa son las principales características de las Fuerzas Armadas. El aumento a las percepciones de los soldados, de apenas mil 700 pesos mensuales, mantiene casi intacta la oscura distribución de los recursos castrenses: un general gana al día más de lo que un soldado en un mes.

Los bajos salarios que recibe más del 50 por ciento de los militares son la principal causa de deserción en el Ejército Mexicano, señala Guillermo Garduño, especialista en Fuerzas Armadas.

El también investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana estima que hasta hace dos años se han registrado más de 90 mil deserciones. Y agrega que ante el sueldo insuficiente que recibe la milicia, muchos de los militares o ex militares terminan sirviendo a la delincuencia organizada, como el caso de la banda de Los Zetas.

Los niveles más bajos del personal militar –soldados y cabos– son, en su mayoría, quienes realizan los operativos de más alto riesgo, de acuerdo con Garduño. El sueldo mensual de la tropa llega apenas a los 5 mil 200 pesos, luego de que Felipe Calderón anunciara en fastuosa ceremonia el incremento a las percepciones como “un reconocimiento especial” a la tropa. En contraste, los altos mandos tienen salarios que rebasan los 100 mil pesos mensuales.

El secretario de la Defensa Nacional (Sedena), Guillermo Galván, gana diariamente 5 mil 165 pesos, mientras un soldado alcanaza alrededor de 170 pesos por día. Con el salario de Guillermo Galván se cubriría el pago de 30 soldados o el de 25 cabos, mensualmente. Sin contar otras prestaciones que reciben los altos rangos del Ejército y que se mantienen en el anonimato, como también sucede con las licitaciones.

En el proyecto de Presupuesto de Egresos, que presentó Calderón a la Cámara de Diputados, hay un incremento de casi un 20 por ciento para la Defensa Nacional. De acuerdo con los legisladores de la Comisión de Defensa, el aumento fue aprobado pensando en las familias de los militares, ya que, consideran, se deben de elevar los ingresos de los más de 100 mil elementos que hoy tienen un salario bajo.

Jorge Justiniano González Betancourt, presidente de la Comisión de Defensa Nacional de la Cámara de Diputados y militar de carrera, menciona que desde hace más de 10 años, durante los gobiernos del priísta Ernesto Zedillo y el panista Vicente Fox, las fuerzas armadas no tenían un aumento significativo.

“En 1994 obtuvo un beneficio; pero fue únicamente por el momento que se vivía, un momento crítico: la aparición del EZLN. Pero para 1995, cuando ya no existía la misma situación, bajó otra vez a los niveles de 1993.”

El diputado José Alfonso Suárez del Real, integrante de la Comisión de Defensa Nacional, reconoce que, desde el punto de vista laboral “existe un desfase” entre los soldados y los altos mandos del Ejército.

De acuerdo con el legislador perredista “no se debe aplicar el mismo incremento porcentual a todos, sino que se trata de apoyar a los que menos ingresos tienen”.

Tecnología obsoleta

Guillermo Garduño asegura que los bajos salarios y las deserciones no son el único problema que enfrenta el Ejército Mexicano. También se observa la ausencia de inversión en tecnología y modernización del equipo, así como en inteligencia militar.

A decir del investigador, la tecnología que las Fuerzas armadas de México están usando ya es obsoleta; además, existe un rezago en las labores de inteligencia, por lo que es necesario que parte del gasto se destine a la adquisición de armamento y tecnología de punta.

El especialista sostiene que el desarrollo tecnológico aplicado al armamento ha crecido tanto que resultan anticuadas las armas convencionales, que hasta este momento son las que privan en el Ejército.

Garduño explica que existe armamento que se puede utilizar tanto en operaciones diurnas como nocturnas, y que cuentan, además, con la capacidad de ubicación de objetivos y mayor precisión.

Agrega que muchas de esas armas son empleadas por los narcotraficantes, ya que se pueden conseguir en el mercado. Sin embargo, el Ejército mexicano sigue utilizando las armas antiguas que no tienen estos atributos. Ante lo cual, cualquier tipo de unidad militar que se enfrente contra el crimen organizado puede ser “totalmente vulnerada”. Con tales desventajas, es un riesgo para las fuerzas armadas combatir el narcotráfico.

Los “operativos conjuntos”

A decir de Garduño, el que a las Fuerzas Armadas se les lleve a combatir a la delincuencia organizada, proliferante en México, es una evidencia de que el ámbito policiaco del país es un frente que se encuentra “totalmente perdido”.

El investigador comenta que el crimen organizado cuenta con “posibilidades ilimitadas” y el gobierno federal “no ha podido mostrar una capacidad ofensiva, que realmente liquide a los grupos delictivos”.

Javier Oliva, catedrático de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM y experto en seguridad nacional, comenta que el hecho de que el Ejército intervenga en asuntos de seguridad pública demuestra que la autoridad civil ya fracasó.

Agrega que durante sexenios no se ha tenido la capacidad para desarrollar cuerpos policiales capaces de enfrentar a la delincuencia organizada. Por ello las policías tienen que seguir importando elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional y de la Armada de México. Considera que si los “operativos conjuntos” desarrollados en diversos estados del país fracasan, se estará exponiendo el prestigio de las Fuerzas Armadas.

Desataca que uno de los principales riesgos que enfrenta el Ejército es la posibilidad de que sus elementos caigan en la corrupción o sean contaminados por el crimen organizado y terminen convertidos en cómplices.

Agrega que, además, en un país democrático “no es un buen mensaje que nuestras Fuerzas Armadas estén en las carreteras, calles, o en las zonas urbanas, porque son funciones que no les competen”.

Falta de transparencia

Mario Di Costanzo, analista económico y secretario de Hacienda Pública del “gobierno legítimo” de Andrés Manuel López Obrador, dice que el incremento en las percepciones de las fuerzas armadas no es otra cosa que un intento de Felipe Calderón por lograr legitimidad.

El analista afirma que en un país con tantas carencias y tantos problemas, es absurdo que se den tales asignaciones presupuestales. Además, no se justifica que México “tenga un ejército tan grande”.

Di Costanzo dice que en el país existe poca transparencia en los recursos destinados a las Fuerzas Armadas. Como ejemplos cita las pensiones para los militares retirados. “Buena parte de las finanzas del Ejército son una caja negra, porque no sabemos cómo se controla”.

Nivel Percepción Total de elementos

Soldado

128.8

Diarios

66,549

3865

Mensual

46380

Anual

Cabo

140

Diarios

42,543

4207

Mensual

52992

Anual

Sargento 2do.

165.8

Diarios

35,844

4974

Mensual

569688

Anual

Sargento 1ro.

173.9

Diarios

16,227

5219

Mensual

62628

Anual

Suteniente

220

Diarios

12,440

6620

Mensual

79440

Anual

Teniente

237

Diarios

10,132

7130

Mensual

85560

Anual

Capitán 2do

764.6

Diarios

3,549

22939

Mensual

275268

Anual

Capitán 1ro.

826

Diarios

3,678

24794

Mensual

297528

Anual

Mayor

935

Diarios

2,911

28072

Mensual

336864

Anual

Teniente Coronel

1227

Diarios

1,590

36816

Mensual

441792

Anual

Coronel

826

Diarios

3,678

24794

Mensual

297528

Anual

Gral Brigadier

2612

Diarios

342

78368

Mensual

940416

Anual

Gral. De Brigada

3480

Diarios

150

104408

Mensual

1252890

Anual

Gral. De División

4453

Diarios

36

133590

Mensual

1603080

Anual

Funcionarios

4612

Diarios

7

138365

Mensual

1660380

Anual

Subsecretario

4789

Diarios

1

143677

Mensual

1724124

Anual

Secretario

5165

Diarios

1

154976

Mensual

1859712

Anual

Fuente: www.sedena.gob.mx

*Cifras de 2006

Año
Presupuesto

1990

20.420

1991

22.725

1992

24.487

1993

26.845

1994

34.338

1995

25.913

1996

27.824

1997

28.456

1998

27.435

1999

30.311

2000

29.980

2001

29.948

2002

28.719

2003

28.338

2004

26.000

2005

26.130

2006

26.031

2007

32.200

Fuente: www.cefp.gob.mx

Publicado: Marzo 1a quincena de 2007 | Año 5 | No. 74






EL SISTEMA GLOBALIZADO DE EXPLOTACIÓN Y DESESPERANZA.

Los desatinos del Banco Mundial PDF Imprimir E-Mail
domingo, 04 de marzo de 2007

Ni en la más febril utopía puede suponerse que el Banco Mundial reconozca que la reforma neoliberal latinoamericana es un fracaso en términos de crecimiento económico

La reforma neoliberal es socialmente excluyente en la estadística y con mucha más fuerza, en la vida misma, en las encuestas, en el decir de las personas

Por Osvaldo Martínez

La lectura del estudio del Banco Mundial. "Hacia la seguridad económica en la era de la globalización" me ha renovado una vieja desilusión: comprobar hasta qué punto el pensamiento económico puede avanzar en sofisticadas técnicas auxiliares estadístico-matemáticas, en gráficos de impecable factura, en la modelación basada en elegantes supuestos, en la conformación de un lenguaje tan equilibrado que deviene equilibrista, y todo para fracasar en explicar la realidad o, como en este caso, para ocultarla, para sustituir lo esencial por lo accesorio, para dar por logrado lo que está lejos de alcanzarse y proponer un debate que no es el verdadero de esta hora.
Si se trata de la economía de América Latina y el Caribe es obvio suponer que el debate sea acerca del desarrollo por alcanzar, de las vías, obstáculos, alternativas, aceleradores, frenos, políticas para lograrlo, en fin, que discutamos de nuevo en términos de una teoría y política de desarrollo; de ese desarrollo que combine crecimiento económico y equidad social, integración regional y solidaridad humana, educación y salud para todos, participación política y alta cultura.
Es obvio suponer que ese debate proponga una reflexión crítica a los enormes déficits del desarrollo en la región o más bien a su inexistencia básica, y lo coloque en el contexto de la globalización en el mundo unipolar de nuestros días. El estreno de un nuevo siglo y un nuevo milenio ofrecen una buena ocasión e incluso obliga a los latinoamericanos y caribeños a discutir sin desmayo el porqué esta región después de casi 2 siglos de obtenida la independencia de la mayoría de sus países respecto a las metrópolis coloniales, permanece en la categoría de subdesarrollada y pobre, así como las razones por las que se rezaga cada vez más con relación a los países más ricos y pesa menos en la economía mundial que hace 30 años.
Para el Banco Mundial este no es el debate. El desarrollo ya no tiene secretos. Se alcanza transitando por un camino claro y único por el que avanzan mejor los que primero lo tomaron y los que caminen con tenacidad: el camino de la reforma neoliberal.
Por tanto, no tiene sentido debatir sobre alternativas de desarrollo, porque no las hay. Entonces discutamos sobre la seguridad y la inseguridad económica. El problema no es alcanzar el desarrollo como síntesis de crecimiento y equidad, sino alcanzar la seguridad, la que un poco después se convierte en reducir la volatilidad, por lo que quedamos atrapados en un ejercicio surrealista de debatir con minuciosidad estadística y refinamiento técnico sobre la reducción de la volatilidad y adoptar variantes de seguros, mientras más de 200 millones de pobres, 90 millones de indigentes y decenas de millones de analfabetos para los que lo único seguro es la repetición cotidiana de la subsistencia en el límite, por supuesto ni se enteran.
Ni en la más febril utopía puede suponerse que el Banco Mundial reconozca que la reforma neoliberal latinoamericana es un fracaso en términos de crecimiento económico, una tragedia en términos sociales y que la década pasada fue otra década perdida. Ciertamente, es una dura tarea tener que asumir como punto de partida el éxito de esa reforma y a renglón seguido interpretar los resultados de la encuesta que muestra la opinión mayoritaria en cuanto a que los padres de los encuestados vivían mejor que estos actuales ciudadanos de las reformadas economías latinoamericanas. La paradoja de Leontieff es cosa menor comparada con esta paradoja provocada por latinoamericanos que habitan en países con economías que tienen una "mejora en el devenir económico" pero que dicen vivir peor de lo que vivieron sus padres allá en los tiempos anteriores a las acertadas reformas.
Si Carlos Menem pudo recurrir a la cantinflesca frase: "estamos mal, pero vamos bien", al Banco Mundial le resulta aún más difícil, pues se ve obligado a decir "estamos mejor, vamos bien, pero nos sentimos inseguros".
Desde la primera página el estudio del Banco Mundial establece su lectura básica de lo ocurrido en la región: "La mejora en el devenir económico de esta región se produjo después del constante esfuerzo de reforma realizado por muchos de los países que la integran con el fin de intensificar la función de las fuerzas del mercado y aumentar la integración financiera en la economía globalizada.
Esa risueña presentación de lo ocurrido no puede silenciar que en los años noventa el PIB per cápita real se mantuvo bien por debajo de lo que la región alcanzó durante las décadas de 1960 y 1970 y el estudio del Banco Mundial lo reconoce, pero se apresura a restarle importancia al decir: "Pero este descenso del crecimiento en relación con el desempeño anterior a 1982 afectó a todas las regiones del mundo tanto industriales como en desarrollo, con la sola excepción de Asia Meridional".
Curioso modo de relativizar el fracaso, pues se olvida que ninguna otra región del mundo avanzó con tanta disciplina y ortodoxia en la reforma neoliberal como lo hizo América Latina. Era de esperar mucho más que diluirse en una tendencia general al bajo crecimiento.
Pero no se trata sólo del anémico crecimiento y la enorme pobreza, sino de todo lo otro que queda fuera del escenario descrito por el estudio, esto es, aspectos esenciales de la realidad.
Queda fuera que el insuficiente crecimiento se basó en privatizaciones, endeudamiento e ingreso de capital extranjero y en cada uno de estos factores se encuentra la huella de la debilidad y la exclusión.
La privatización ha sido una oleada que abarcó desde empresas clásicas privatizables hasta parques, carreteras, correos y cementerios en una carrera desenfrenada en cumplimiento del dogma de la incurable ineficiencia estatal. Pero esa oleada va agotándose porque no va quedando mucho patrimonio por vender. Viendo la privatización estrictamente como forma de ingreso de capital y abstrayéndonos del flujo de salida que provoca, ese ingreso tiene vida limitada y ya quedaron atrás la mayoría de sus grandes ventas.
El endeudamiento es un escándalo que la fuerza del pensamiento único ha logrado amordazar y obtener el milagro de que apenas se mencione aquello que es básico para entender el escaso crecimiento, la pobreza, la volatilidad. En este estudio el Banco Mundial no le dedica ni un párrafo y apenas la menciona. Sólo merece alguna referencia a lo conveniente de administrar bien la deuda y evitar una acumulación de pasivos de corto plazo.
El Banco Mundial presenta en este estudio, abstracciones de precisión matemática e imprecisión existencial que llama "hechos estilizados". Pero no merece estilización alguna una deuda que en 1985 era de unos 300,000 millones de dólares; ahora supera los 700,000 millones, devora la mitad de los ingresos por exportaciones de bienes y servicios y que sólo entre 1992 y 1999 provocó pagos por 913,000 millones de dólares.
Es evidente que esa deuda es impagable y que el paso a una fase aguda de crisis de la deuda puede ocurrir en cualquier momento, pero quizás nada exprese mejor la incapacidad de una parte de los gobiernos de la región para romper el "saqueo dialogado" de que nos habló Pablo González Casanova, que esta ingloriosa conspiración del silencio respecto a la deuda externa.
El ingreso de capital extranjero es la pieza clave. A él se invoca, de él se da publicidad a las altas cifras. Si descontamos los capitales golondrina y el pago por privatizaciones, las cifras pierden una parte de su encanto. Y lo que queda del encanto parece menos encantador cuando abordamos el déficit de cuenta corriente y encontramos que el capital entra, pero también sale y actúa en perversa combinación con una apertura comercial que importa más de lo que exporta aunque se justifica prometiendo crecientes exportaciones.
Este modelo ha financiado sus déficits en buena medida con capitales volátiles que han hecho volátiles los cortos ciclos de expansión y contracción que le son inherentes y ha reducido la capacidad interna de generar crecimiento al rebajar el ahorro y la inversión a niveles inferiores a los de 1980.
¿Qué mayores causas de inseguridad económica que la provocada por esta amalgama de endeudamiento, privatización, integración subordinada al mercado financiero globalizado?
La reforma neoliberal es socialmente excluyente en la estadística y con mucha más fuerza, en la vida misma, en las encuestas, en el decir de las personas y en simples recorridos por ciudades y territorios de la región.
Pero, el Banco Mundial al tocar este punto recurre a un procedimiento que se repite cada vez que el tema resulta escabroso para los resultados de la reforma neoliberal o para la lógica de su discurso. Este procedimiento es amontonar afirmaciones y negaciones, sugerencias en un sentido y en el sentido contrario, para concluir que nada se puede concluir o que los resultados son "dispares"
Un ejemplo de lo anterior es este párrafo: "en términos generales, la desigualdad aumentó durante los años noventa, aunque el historial de los países es muy distinto. En Brasil y México la desigualdad aumentó entre 1986 y 1989, antes de estabilizarse o disminuir hasta finales de los años noventa. Chile y Paraguay experimentaron una creciente desigualdad, aunque en Chile el bajo nivel de referencia de 1986 podría dificultar la comparación. La desigualdad ha sido relativamente estable en Argentina, Colombia, Ecuador, Uruguay y Venezuela, ya que algunos índices sugieren un aumento y otros una reducción. Por último en Bolivia, República Dominicana y Honduras hay una disminución de la desigualdad en el tiempo. En general, de los índices agregados sería difícil afirmar que la apertura económica, como en Argentina, Brasil, Colombia y México, significó un empeoramiento permanente de la desigualdad agregada.
La exclusión social se evidencia también por el 40% de la población en la pobreza, el 18% en la indigencia, el 8% de desempleo abierto -aunque quizás de las mentiras de la estadística la más mentirosa de todas sería ésta-, el 13% de la población analfabeta, una tasa de mortalidad infantil en el primer año de vida que es cinco veces mayor que en los países desarrollados, un sistema educacional en el que sólo uno de cada tres alumnos alcanza la escuela secundaria.
Volviendo al discurso del Banco Mundial encontramos entonces que la inseguridad económica expresada en encuestas por las personas, no es resultado de razones tan sólidas como las que se sintetizan en la dura realidad descrita, sino que es el resultado ¡de la mejoría económica!
Hasta ahora, la lógica ya al parecer anticuada, decía que un empleo estable y una remuneración decorosa debían satisfacer las expectativas de seguridad económica.
¿Qué seguridad puede ofrecer un 8% de desempleo abierto, un insondable sector informal que provee 80 de cada 100 nuevos puestos de trabajo con su precariedad y desprotección, un nivel salarial real que se considera por lo general, inferior al de 1980?
Estos pobres que administran sus activos y que incluso sufren menos que los ricos siempre que se trate de recesiones moderadas y que pueden asumir voluntariamente los riesgos empresariales convirtiéndose en prósperos vendedores de chiclets, limpiadores de autos que nunca tendrán, tristes tragafuegos de esquina o pequeños vendedores de drogas, me inducen a plantearme la pregunta: ¿Sabrá el Banco Mundial lo que es un pobre? ¿Habrán incurrido los autores en la confusión metodológica de utilizar como objeto de estudio un "pobre estilizado" que resultó ser una vez más el "homus económicus" intemporal y ubicuo con el que cierta corriente de pensamiento económico lleva siglo y medio construyendo elegantes y absurdas abstracciones.
Las calles y campos de América Latina pueden proveer abundantes objetos de estudio a los cuales la indigencia les impide administrar racionalmente los activos que no poseen, que sufren aún más en las crisis profundas porque viven en crisis permanente, que deben elegir entre alimentación o salud o educación siempre en el límite extremo inferior.
Me causa inquietud que en varias ocasiones el Banco Mundial insista en criticar las llamadas "rigideces del mercado laboral".
La tragedia de desempleo, informalidad, caída de salarios reales, desprotección de los trabajadores ha sido la "flexibilización del mercado de trabajo", pero los autores creen que todavía hay rigideces "que obligan a ese mercado a ajustarse por medio del desempleo, más que a través de salarios reales y una resignación sectorial de la fuerza laboral".
En la región y durante el ciclo neoliberal la eliminación de rigideces en el mercado laboral ha significado flexibilizar contratos y despidos, debilitar la negociación colectiva para crearle al capital, especialmente al extranjero, condiciones de rentabilidad altamente desfavorables para los trabajadores. ¿Hasta dónde deberá llegar la eliminación de rigideces para que el capital se sienta satisfecho?
Como los pobres sufren menos que los ricos en las crisis moderadas, entonces encaja perfectamente el siguiente párrafo que es también una aceptación explícita del modelo de crisis financieras repetidas en ciclos de "stop" and "go", o en otras palabras, una conversión súbita de la volatilidad viciosa en volatilidad virtuosa: "Los gobiernos no deberían vacilar en realizar una liberalización y unas reformas que intensifiquen el crecimiento pese a que quizás impliquen una volatilidad algo mayor durante la transición, porque si bien una breve contracción de la actividad económica quizás no perjudique mucho a los pobres, un mayor crecimiento sí los ayuda decididamente. Más aún, las conclusiones a que hemos llegado sugieren que las políticas macroeconómicas no deben procurar evitar a toda costa las contracciones, sino que éstas se prolonguen o se ahonden".
La volatilidad comenzó siendo el enemigo causante de la inseguridad o como dice el estudio, la medida de la inseguridad, y en sus páginas finales el estudio nos propone la volatilidad como virtud, pues lo deseable sería no evitar las crisis, sino tan sólo tratar de que no sean profundas ni largas. Algo así como una sucesión saludable de minicrisis en el contexto de un modelo que en la medida que avanza en la liberalización y la desregulación tiene menos capacidad para evitar que las crisis se produzcan y menos aún para modular su intensidad.
En otro orden de cosas, el estudio tiene también un peculiar modo de echar a un lado lo inconveniente para llegar a sus conclusiones. Delimitar un campo de análisis para examinar un fenómeno o proceso libre de la acción de ciertos factores, es un método válido e inobjetable en sí mismo. Pero eliminar lo desagradable o inconveniente para las tesis defendidas y establecer un terreno cercado, desbrozado de todo lo que perturbe la propuesta y donde entrar a debatir es aceptar la mutilación de componentes de señalada importancia, no es ciertamente un procedimiento académico digno de aplauso, aunque incluya una larga relación de obras consultadas.
Ocurre así con la introducción del concepto de seguridad e inseguridad económica como si su sentido fuera obvio y no necesitaría explicación o definición alguna. La noción de seguridad sugiere más el escenario militar, geoestratégico o psicológico, pero el pensamiento económico, que se ha dado a sí mismo numerosos objetos de estudios o en otras palabras, se ha planteado numerosas preguntas para encontrarles respuesta, nunca pretendió teorizar sobre la seguridad económica.
Desde la fuente del valor y de la riqueza (de las naciones y/o de las personas), la acumulación y reproducción de capital, la formación y movimiento de los precios, la elección por el consumidor soberano, el equilibrio general, la oferta monetaria, la teoría del desarrollo y otras muchas, el pensamiento económico ha bregado con muchos temas y problemas, pero nunca con la seguridad económica.
Es obvio que la seguridad económica es un resultado del desarrollo alcanzado si se trata de un país y de un trabajo estable que permita un ingreso satisfactorio en condiciones de acceso a la educación, la salud y la convivencia humana, si se trata de personas y que incluye la seguridad en cuanto conservación de la vida.
Pero, el Banco Mundial omite explícitamente los problemas relacionados con el delito y la violencia para limitarse a "la inseguridad causada por las fluctuaciones económicas", como si violencia y delito nada tuvieran que ver con la reforma neoliberal.
Es que la apelación a los instintos primarios que la visión fundamentalista de mercado impulsa, los patrones de conformación de sociedades en las que no hay éxito más allá de la acumulación de riqueza y la pobreza aparece como el castigo a la ineptitud, donde a partir del individualismo total los humanos se abren paso en un mercado que semeja una selva, no puede generar otra cosa que violencia y delito.
La tasa de homicidios de 300 por cada millón de personas es el doble del promedio mundial, pero no se explica por fieros atavismos latinoamericanos, sino por la práctica más ortodoxa y disciplinada en el mundo en los últimos 20 años de las reformas de mercado que el Banco Mundial pide continuar y profundizar.
El rigor metodológico estadístico que el estudio analizado contiene debería tener en cuenta y desafortunadamente no lo hace, la correlación evidente en los últimos 20 años entre reforma neoliberal, volatilidad, pobreza, delito, corrupción, degradación ambiental.
La inseguridad ciudadana, la vida entre rejas de los convictos en las prisiones y de los no convictos en las prisiones enrejadas en las que se convierten los hogares, la proliferación de cuerpos privados de policías y guardianes, la apariencia de castillos asediados de los barrios acomodados rodeados por la muchedumbre de la pobreza, no es una realidad desconectada de las reformas de mercado que van moldeando una áspera sociedad de mercado en la que la relación costo-beneficio es la norma absoluta.
El Banco Mundial cree que los problemas existentes son residuales y eliminables aplicando más reformas neoliberales, por ejemplo, fortaleciendo la conexión que dicen es aún débil con los mercados financieros o eliminando las rigideces laborales que todavía dificultan al capital contratar y despedir a discreción.
Es más de lo mismo, aunque les llamen reformas de segunda o tercera generación. Pedir más reforma neoliberal y con ella reducción de la pobreza y avances en la equidad social, es tan baldío como pedir a un tiburón que se haga vegetariano.
Por suerte, no hay en la Historia crisis sin solución.
El sistema globalizado de explotación y desesperanza, en su naturaleza esencial y en su variante latinoamericana es como otras veces en la Historia, quien más y mejor trabaja para alcanzar su supresión y encontrar la alternativa posible. Esa alternativa posible es justamente, como otras veces anteriores, la que ahora parece imposible para muchos intelectuales porque no está escrita o modelada. (Cubarte).