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miércoles, febrero 21, 2007

REFLEXIONES PARA TOMAR EN CUENTA.

Yucatán como metáfora PDF Imprimir E-Mail
martes, 20 de febrero de 2007
Enrique Montalvo Ortega
El PRD y el proyecto de la izquierda
El curso que siguió la fallida postulación de Ana Rosa Payán como candidata del PRD a la gubernatura de Yucatán nos enfrenta a la necesidad de una profunda reflexión colectiva en torno a las tareas y el destino de la izquierda en México.
En primer lugar nos permitió constatar hasta qué punto la ideología, entendida en su mejor sentido, lejos de desaparecer, como gustan proclamar los neoconservadores, se encuentra mucho más presente de lo que parece en la sociedad mexicana. Resultó alentador constatar la respuesta de diversas agrupaciones y personalidades que se niegan a verse reducidos al pragmatismo electoral y a un eventual cercenamiento de las libertades por parte de políticos ultraconservadores.
Ante la posible postulación de Ana Rosa Payán, señalé que ésta sólo debería prosperar en la medida que se hiciera público el compromiso de respetar e impulsar los puntos básicos del proyecto de la izquierda (tanto en lo económico como en lo social y cultural). Al parecer tal compromiso no se pactó, o si se hizo, la ex-panista se negó a cumplirlo y prefirió tratar de evadir definiciones que, dadas las posiciones y acciones retrógradas que había exhibido, resultaban indispensables. En cambio, se dedicó a prodigar elogios a su ex-partido y a presentar su renuncia como una autoinmolación ¡para lograr que el PAN regresara a una mítica (y por supuesto falsa) condición original de honradez y pretendida búsqueda del bien común! No hubo definición y deslinde ni ante su partido, ni ante el gobierno de Calderón, ni ante los agravios que éste y el PAN están realizando contra el país. Como sumisa novia maltratada, al hallarse despojada de los cortejos de su amado, Ana Rosa recreaba neuróticamente en sus entrevistas la nostalgia por la "nobleza" del partido perdido.
Por otra parte, ni siquiera mostró la elemental actitud de respeto a las costumbres e ideas de quien le ofreció cobijo cuando se vio obligada a abandonar su casa. Trató de utilizar al PRD como escalera para treparse al gobierno.
La respuesta que observamos nos muestra hasta qué punto la sociedad ve, o al menos quiere ver en el PRD -a pesar de sus errores y limitaciones- a una organización capaz de representarla y de encabezar una posición de avanzada. Pero además evidencia que cuando existe la determinación de participar y exigirle congruencia a ese partido, es posible cambiar sus decisiones y enmendar las tendencias hacia el pragmatismo.
También resultó claro que para un amplio sector, de dentro y fuera del PRD, la democracia desborda la sola defensa del voto, y exige el respeto de derechos sociales y de una amplia gama de libertades que la derecha se niega a aceptar, en la medida que contraviene sus posiciones moralistas. Es decir, ha permeado una noción amplia de democracia sustantiva.
Lo anterior evidencia lo que se ha repetido hasta el cansancio, se requiere de una izquierda que sin renunciar a la lucha por el poder (esencial para cualquier partido político), se proponga una ética en la que la realización de un proyecto de transformación social subordine sus demás objetivos, acciones y alianzas.
El problema es que en este proceso de alternancia y de transición ficticia a la democracia, de "cambio" sin cambios reales, se ha venido abandonando la reflexión y el debate sobre el proyecto de la izquierda y del PRD. En la carrera para obtener más votos se ha olvidado que el objetivo es transformar la sociedad y no ganar elecciones para hacer lo mismo que la derecha, pero de manera menos abrupta. Se corre el riesgo de convertir al medio (ganar votos), en un fin en y por sí mismo, olvidando el fin: llevar adelante un programa de izquierda.
El caso es que en Yucatán este abandono del proyecto ha llegado a límites inconcebibles. Ello hizo posible que hace seis años se apoyara al PAN, llevando a la ex-panista al municipio de Mérida y a Patrón Laviada al gobierno del Estado. La ética política simplemente fue arrojada al bote de la basura por los dirigentes yucatecos, llegándose al estado actual de cosas, que el resto del país ha volteado a ver con espanto.
Dicho en otros términos, la situación prevaleciente, la carencia de alternativas en Yucatán, es el resultado de una degradación de la política. No es extraño entonces que la formidable respuesta nacional no hubiera encontrado una reacción correspondiente en Yucatán. Los dirigentes perredistas yucatecos han hecho hasta lo imposible para recrear un partido bonsai, un partido rémora de otras organizaciones, que les permitiera apropiarse de los puestos y posiciones que negocian con la derecha a cambio de silencio, al grado que hasta ahora no ha existido una definición clara ante las tropelías del gobernador y sus socios. Mucho menos existe siquiera la preocupación por construir un proyecto que parta de las necesidades de la mayoría de los yucatecos.
Sería de esperarse que la campaña del PRD en la próxima contienda sirviera para marcar un genuino cambio de rumbo y ganar el respeto de la sociedad. Que abriera un debate en el que se ventilaran todos estos desaguisados vividos desde la alianza de hace seis años con la derecha, se definiera una identidad clara de la izquierda y del PRD, deslindándolo de manera precisa de la derecha y se pusieran las bases para el inicio de una nueva etapa en la izquierda yucateca, así como para la elaboración de un proyecto incluyente, capaz de unificar y hacer crecer a la izquierda en el Estado.

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